FÁBRICA PHILLIPS 1969
POR ALICIA “LA VASCA” UNZALU
Corría el año 1969 cuando con 18 años, comencé a trabajar como obrera en la fábrica Philips, porque me convenía más que ser empleada de Bonafide, que me pagaría bastante menos. Nada sabía de conceptos como “patronal, burocracia, lucha, o gremio”, y es justamente en esa experiencia fabril donde todas esas palabras cobraron sentido para mí, y en especial una definición que primero aprendí y mucho después valoré en su magnitud e importancia: la Salud Laboral.
En aquella fábrica me asignaron al sector de bobinas, y uno de los primeros consejos de mis compañeras fue que debía entender por qué la silla y su forma eran importantes: “así cuidás tu espalda, por eso ese respaldo está a la altura de tu cintura, porque pasamos muchas horas sentadas”. Una dijo “eso que ella te explica tiene una palabra que nunca nos acordamos”, y se reían, y otra dijo “ergono… y no sé qué más”. Pero además de esos y otros consejos de ellas, al llegar a la línea, yo ya había aprendido a soldar y a detectar cuando una soldadura era fría, quemada o movida, por ejemplo. Nadie entraba a las líneas sin pasar por la escuela de Philips.

A la cantidad de bobinas que hacíamos por hora se le decía, justamente, “la cantidad”. A mí me tocaba soldarlas y sementarlas, y un tiempo después me di cuenta que manteniendo la calidad pero con otro método, podía hacer más bobinas. Cuando implementé dicho método, mis compañeras vieron que hacía el doble de “la cantidad” en el mismo tiempo, por lo cual me dijeron “nena, está muy bueno lo que lograste, pero ojo… cuando ande por acá eltomatiempo, volvé a la forma anterior”. Fui útil para todas, porque al final del día, repartía bobinas a lo loco con mis compañeras. Todas quedaban muy contentas, y de esa manera ninguna se cansaba.
De alguna manera, yo me comí el verso de que éramos “la Gran Familia Philips”, y hasta sentía que nos cuidaban. Por ejemplo: debido al ruido de las máquinas estaba establecido que, hora de por medio, había música de todo tipo sin censura alguna. Y, hora de por medio, el ruido infernal de las máquinas. El descanso era silencio absoluto.

Un buen día, me comentan que el personal de una fábrica que Philips había comprado en el Tigre y trabajaba con nosotros, iban a ser trasladados a Fapesa, otra fábrica de Philips. El problema era que estas mujeres con familia, tendrían que viajar desde Tigre hasta La Tablada. Por eso y porque había entendido que los delegados eran algo bueno, llamé al delegado general cuando pasó por la línea y le pregunté si esa información era correcta.
– No, son habladurías, yo le pregunté al jefe de personal y no es así…
-Pero Rivas, a mí las chicas me dijeron que las trasladaban…
-No, no es así, el jefe me dijo otra cosa!
-Pero a quién le vamos a creer? a las trabajadoras o al jefe?
-Tenés razón, voy a volver a hablar con él.
En ese momento me quedé tranquila. Pero unos días después, estando con mi madre y mi esposo en la gran cena anual de la Familia Philips, me avisan que efectivamente el lunes las chicas se tenían que presentar a trabajar en La Tablada. Entonces empecé a protestar… Qué indignación! De qué “familia” me hablan estos sinvergüenzas? Y más bronca me daba que mi propia familia me dijera “bueno, es cosa de ellos, vos tenés un buen trabajo”.
Al lunes siguiente, todos comentábamos en el vestuario lo terrible que resultaba ese traslado para esas familias. Entramos a trabajar y en el silencio del mediodía, cuando estaba por empezar a comer en el descanso lo veo entrar a Rivas, y encima levantando quiniela. No aguanté, me paré y le grité “che, Rivas, sos un H de P!” y me senté. De repente, la gran mayoría de los 300 que éramos en ese piso se le fueron acercando a las puteadas limpias. Después, mis compañeras me decían “fue fuerte ver a nuestra chiquitita, la nena que se casó hace poco y nunca dijo una mala palabra, dispararnos la bronca a todos”, y nos reíamos.
Por supuesto que la patronal, Rivas y su gente, no iban dejar eso así, por lo que deciden mi traslado y el de la compañera que consideraban como la otra “instigadora”. Según ellos, lo hacían cumpliendo con la modalidad impuesta “hace años”, y a todas las personas entre mi compañera y yo las tenían que trasladar también, con la excusa de que necesitaban gente en la otra fábrica por un apuro de producción. Fue así que también tuvieron que trasladar a la rompetarifas más jodida que teníamos en la planta.
Fue ahí donde conocí lo que era una patronal y la burocracia, pero también aprendí que hay delegados y delegados. Tal vez alguno empezó bien y dejó su huella, y al avanzar en su camino sindical fue borrando sus buenas huellas ¿Y por qué digo todo esto? porque desde las sillas ergonométricas, pasando por el descanso en silencio y la música para aliviar nuestros oídos, a que se estableciera un traslado de varios para rajar a dos… todo tuvo que ver con la lucha de muchos años antes en esa misma fábrica, generando conciencia y acordando con la empresa protocolos para protegernos, que había encabezado y llevado a cabo, dejando esas huellas, Augusto T. Vandor.
