JAQUE DE TEHERÁN: CÓMO IRÁN GANÓ LOS TIEMPOS DE LA GUERRA DE 2026
CAMILO RIVERA, DELEGADO DE UTE
Luego de hostilidades que se extendieron por más de tres meses, el 17 de junio de 2026 los mandatarios de la República Islámica de Irán y de los Estados Unidos firmaron un Memorándum de Entendimiento orientado al cese definitivo de los enfrentamientos. Las cláusulas contenidas en dicho documento resultaron, en términos generales, altamente favorables para la posición diplomática y estratégica de la nación persa.
El acuerdo dispuso el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano; estableció el levantamiento del bloqueo naval estadounidense en un plazo de treinta días y la posterior retirada de las fuerzas desplegadas en las proximidades de Irán; contempló la creación de un fondo de reconstrucción con un presupuesto mínimo de 300.000 millones de dólares destinado al desarrollo económico iraní mediante inversiones privadas provenientes de empresas de Estados Unidos, los países del Golfo, Asia, Sudamérica y África; dispuso el levantamiento de las sanciones unilaterales, de las Naciones Unidas y del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), así como la liberación de los activos iraníes congelados en el exterior; autorizó la reanudación de las exportaciones de petróleo y sus derivados sin restricciones bancarias ni de seguros mediante exenciones otorgadas por el Departamento del Tesoro estadounidense; y, finalmente, incluyó la reafirmación iraní de que no adquiriría ni desarrollaría armas nucleares[1].
Este último punto, la única obligación sustantiva asumida por Teherán consiste en reiterar un compromiso que ya había sido formalmente establecido mediante la fetua emitida en 2010 por el ayatolá Ali Khamenei, en la que declaraba ilícita la fabricación, posesión y utilización de armas nucleares conforme al derecho islámico. En ese sentido, el memorándum no introdujo una restricción nueva, sino que recogió un principio que la dirigencia iraní mantenía con anterioridad al conflicto[2].
Asimismo, es posible sostener que el conflicto erosionó las salvaguardias internacionales contra el desarrollo nuclear militar iraní, consecuencia directa de la eliminación del ayatolá Alí Jameneí al inicio de las hostilidades. Dado que, conforme al derecho islámico, el sucesor de un ayatola no se encuentra supeditado jurídicamente a las fetuas dictadas por sus predecesores, la intervención armada estadounidense debilitó la restricción doctrinal contra el desarrollo militar nuclear previamente vigente. En consecuencia, el Memorándum intenta consolidar por vía diplomática un escenario que previamente fue desestabilizado por medios militares. Es por ello que las acciones norteamericanas resultaron contraproducentes para el objetivo estratégico de la desnuclearización.
Surge entonces un interrogante central: ¿cómo logró Irán obtener un acuerdo diplomático con condiciones tan favorables y con tan pocas concesiones significativas?
Este trabajo sostiene que dicho desenlace derivó de una victoria estratégica alcanzada mediante una guerra de atrición asimétrica. Bajo esta premisa, se argumenta que, a pesar de que las fuerzas convencionales de Teherán sufrieron la pérdida sustancial de su flota de superficie, la neutralización de sus sistemas de defensa aérea y daños severos en su infraestructura civil y militar, el despliegue de capacidades asimétricas por parte de Irán terminó por otorgarle una ventaja estratégica decisiva en el balance final del conflicto.
En lugar de procurar una superioridad militar convencional frente a Estados Unidos e Israel, Irán logró imponer una combinación de neutralización tecnológica, resiliencia de su infraestructura militar subterránea y una estrategia de desgaste económico capaz de erosionar tanto los recursos materiales como la voluntad política de sus adversarios[3].
Los principales componentes de esta estrategia se analizan a continuación.
Cegar al enemigo
En primer lugar, Irán desarrolló una campaña sistemática orientada a degradar la arquitectura regional de mando, control, comunicaciones, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (C4ISR) de la coalición. Para ello, empleó una combinación de drones, misiles balísticos y aeronaves convencionales en ataques coordinados de saturación destinados a sobrepasar los sistemas integrados de defensa antiaérea y antimisiles. Como resultado, logró inutilizar diversos sensores estratégicos de alerta temprana, entre ellos radares AN/TPY-2 asociados al sistema THAAD, reduciendo la capacidad de detección, seguimiento y asignación de blancos, además de imponer costos materiales extremadamente elevados[4].
A lo largo del conflicto, Irán destruyó al menos cuatro de estas unidades de detección de larga distancia (y posiblemente un número mayor), en un contexto en el que el inventario mundial de este sistema se limita a apenas doce radares y su capacidad de producción es de aproximadamente dos unidades por año[5].
En consecuencia, la campaña iraní habría eliminado potencialmente más de la mitad de la capacidad operativa mundial de uno de los sistemas de detección más importantes para la defensa antimisiles estadounidense, favoreciendo así la capacidad de penetración de ataques con misiles balísticos desde bases iraníes.

Paralelamente, mediante ataques contra bases aéreas estadounidenses desplegadas en la región, Irán buscó degradar los nodos aerotransportados de mando, control, vigilancia y guerra electrónica que sostenían las operaciones de la coalición. Los ataques contra aeronaves especializadas de alto valor, incluidos sistemas de alerta temprana aerotransportada E-3 Sentry y plataformas de guerra electrónica EC-130H Compass Call, afectaron la capacidad de generar conciencia situacional, coordinar operaciones aéreas y maximizar la eficacia de los ataques de precisión[1]. De este modo, Teherán aplicó una estrategia de neutralización de capacidades, orientada no a competir simétricamente con la aviación estadounidense, sino a reducir la ventaja tecnológica derivada de dichos sistemas.

Asegurar capacidad ofensiva
En segundo lugar, el arsenal misilístico iraní demostró una capacidad de supervivencia elevada, sustentada en una extensa red de instalaciones subterráneas destinadas al almacenamiento, mantenimiento y lanzamiento de misiles balísticos. Estos complejos, excavados en formaciones montañosas y diseñados para dispersar y proteger los vectores ofensivos, permitieron preservar una parte significativa de la capacidad de represalia iraní pese a los ataques aéreos de la coalición. En particular, las instalaciones identificadas en regiones como Yazd y Shiraz evidenciaron características propias de una arquitectura de protección basada en profundidad, ocultamiento y redundancia operacional, dificultando la neutralización completa del arsenal mediante ataques convencionales[1].
Incluso cuando fueron alcanzadas por municiones anti búnkeres y ataques destinados a sellar accesos subterráneos, numerosas instalaciones misilísticas iraníes demostraron una elevada capacidad de recuperación operacional. Evaluaciones de inteligencia posteriores indicaron que una proporción significativa de los complejos subterráneos recuperó acceso parcial o total a sus instalaciones, incluyendo la capacidad de emplear lanzadores móviles almacenados en el interior de la red de túneles.
Esta resiliencia redujo la efectividad de la campaña de supresión misilística, ya que obligó a la coalición a enfrentar un ciclo permanente de detección, ataque y reconstitución de capacidades, en lugar de lograr una neutralización definitiva del arsenal iraní[2].

Atrición
El tercer componente consistió en una estrategia de guerra de atrición basada en una marcada asimetría de costos. Mediante el empleo masivo de drones y misiles de producción relativamente económica, Irán logró obligar a la coalición a consumir sistemas defensivos de muy elevado valor. En apenas siete semanas, Estados Unidos habría empleado alrededor del 45 % de su arsenal de misiles de precisión y cerca de la mitad de sus interceptores Patriot y THAAD.
Simultáneamente, Irán demostró una elevada capacidad de regeneración de sus capacidades de ataque mediante una base industrial de defensa orientada a la producción masiva de vehículos aéreos no tripulados y misiles balísticos de bajo costo relativo[1].
Esta capacidad permitió sostener un ritmo de lanzamiento constante sobre objetivos occidentales, cuya capacidad de interceptación dependía de municiones de mayor costo y disponibilidad limitada. Paralelamente, las pérdidas sufridas por plataformas estadounidenses de vigilancia y ataque, incluyendo aeronaves no tripuladas MQ-9 Reaper, evidenciaron la vulnerabilidad de sistemas de alto valor frente a campañas de saturación mediante vectores más económicos[2].

Esta ventaja relativa en la capacidad de regeneración permitió a Irán aplicar una estrategia de saturación contra las defensas antimisiles enemigas mediante el empleo masivo de vehículos aéreos no tripulados Shahed y misiles balísticos de menor costo relativo. Al obligar a los sistemas defensivos occidentales a emplear interceptores sofisticados contra una combinación de amenazas de bajo costo y elevado volumen, Teherán impuso una relación de intercambio favorable y tensionó la disponibilidad logística del adversario. Una vez degradada la capacidad defensiva, esta dinámica permitió reservar vectores de mayor precisión y capacidad destructiva para ataques contra blancos de alto valor estratégico[1].
Disrupción de despliegue
La campaña también produjo una degradación significativa de la posición operacional estadounidense en la región. Los ataques con misiles contra instalaciones militares obligaron a dispersar personal, reducir la exposición de grandes concentraciones de fuerzas y adoptar modalidades alternativas de mando y control desde ubicaciones menos protegidas. Esta adaptación táctica, preservó la continuidad de las operaciones pero redujo la eficiencia del dispositivo regional al incrementar las restricciones de movilidad, seguridad y coordinación. La capacidad iraní para localizar y atacar instalaciones alternativas evidenció una explotación efectiva de información de inteligencia y una capacidad para mantener presión sobre el despliegue estadounidense[2].

El cuartel general de la Quinta Flota en Bahréin, importante nodo de comando y control de las operaciones estadounidenses en la región sufrió daños de tal magnitud que quedó prácticamente inutilizado[1]. Asimismo, el USS Abraham Lincoln y otras unidades navales se vieron obligados a operar a más de mil kilómetros de la costa iraní para mantenerse fuera del alcance de los misiles. Esta necesidad de incrementar la distancia respecto del teatro de operaciones redujo significativamente la eficacia de la aviación embarcada, al disminuir el tiempo de permanencia sobre los objetivos y aumentar los tiempos de tránsito[1].
Negación de área
Otro importante componente de la estrategia iraní fue la consolidación de una arquitectura de negación de área (Anti-Access/Area Denial, A2/AD) capaz de restringir la libertad de acción aérea de la coalición estadounidense-israelí. Irán combinó sistemas de defensa antiaérea de distinto alcance con una densa red de defensas de punto dotadas de sensores electroópticos e infrarrojos, menos susceptibles a las contramedidas electrónicas y particularmente eficaces frente a aeronaves y municiones guiadas en la fase terminal de su trayectoria.
La integración de estos sistemas, sumada a la movilidad de las baterías, la dispersión de los medios y el empleo de señuelos, incrementó significativamente el riesgo asociado a cualquier incursión profunda de aeronaves tripuladas sobre el territorio iraní[2].

Como resultado, Estados Unidos e Israel se vieron obligados a privilegiar el empleo de armamento lanzado desde plataformas que permanecían fuera del alcance de las defensas iraníes. Aunque esta modalidad permitió mantener la capacidad de atacar determinados objetivos estratégicos, redujo la persistencia sobre el área de operaciones, limitó la posibilidad de identificar y atacar blancos de oportunidad y restringió la flexibilidad táctica de las campañas aéreas[1]. En consecuencia, la coalición no logró establecer una supremacía aérea efectiva sobre el espacio aéreo iraní, sino apenas una capacidad de ataque a distancia, insuficiente para garantizar el control permanente del teatro de operaciones.
Ahorque geoestratégico
Finalmente, la resolución del conflicto trascendió el plano estrictamente militar para proyectarse sobre las dimensiones económica y geopolítica. Irán demostró poseer la capacidad de interrumpir el tránsito por el estrecho de Ormuz, generando una amenaza directa sobre el comercio mundial de hidrocarburos y sobre la estabilidad de la economía internacional. Al mismo tiempo, Rusia y China proporcionaron inteligencia satelital para la planificación de los ataques y facilitaron rutas comerciales alternativas a través del mar Caspio que Estados Unidos no pudo bloquear[2].
El control del estrecho ejerció una presión considerable sobre las economías regionales dependientes del suministro de hidrocarburos. Esta situación otorgó a Irán una posición negociadora particularmente favorable, que incentivó la colaboración abierta o encubierta de varios Estados vecinos interesados en preservar la estabilidad energética y evitar una escalada del conflicto[3].
En ese contexto, algunos países flexibilizaron su postura frente a las operaciones iraníes. Pakistán y Afganistán, por ejemplo, permitieron que aeronaves militares iraníes utilizaran sus instalaciones como refugio temporal y puntos de dispersión frente a los ataques estadounidenses, complicando los esfuerzos de la coalición por neutralizar la aviación iraní mediante ataques contra sus bases[4].
A través de esta estrategia, Irán consiguió dirimir favorablemente un conflicto signado por una asimetría de recursos materiales que le era adversa en términos absolutos. La tradición táctica de la cultura persa, históricamente vinculada al desarrollo y la propagación del ajedrez, constituye una analogía pertinente para comprender la resolución del conflicto.
La campaña evidenció que el éxito no dependió exclusivamente de la cuantificación del poder duro, sino de un diseño estratégico multidimensional que permitió a Teherán equilibrar la balanza mediante la articulación coordinada de vectores coercitivos, diplomáticos y financieros.
Desde esta perspectiva, el conflicto puede interpretarse como un shah mat geopolítico. Estados Unidos no logró alcanzar ninguno de los objetivos con los que buscaba justificar el empleo de la fuerza y terminó aceptando una solución negociada sustancialmente menos ambiciosa que sus pretensiones iniciales. En ese sentido, el Memorándum de Entendimiento representó el reconocimiento implícito de los límites de la coerción militar frente a una efectiva doctrina iraní de asimetría, desgaste y atrición.
[1] BBC News. (17 de junio de 2026). US-Iran memorandum of understanding in full. BBC News. Disponible en: https://www.bbc.com/news/articles/c4gy700j0eko
[2] Shiravand, M., & Meshkat, A.-R. (2022). The jurisprudential and moral foundations of the Ayatollah Khamenei’s fatwa on ban of nuclear weapon. Politics and Religion Journal, 16(1), 221–240. https://doi.org/10.54561/prj1501221s
[3] Institute for the Study of War. (13 de mayo de 2026). Iran Update Special Report. https://understandingwar.org/research/middle-east/iran-update-special-report-may-13-2026
[4] Hill, E., Ley, J., Horton, A., Copp, T., & Lamothe, D. (2026, 6 de mayo). Iran has hit far more U.S. military assets than reported, satellite images show. The Washington Post.
[5] Iran Is Hitting the Radars That Underpin U.S. Missile Defenses. (2026, marzo). The Wall Street Journal.
[6] Ribeiro, A. (2026, 5 de marzo de 2026). Los ataques de Irán contra las redes de alerta temprana del Golfo superan los 2.000 ataques. Defensa.com. https://www.defensa.com/industria/ataques-iran-contra-redes-alerta-temprana-golfo-superan-2-000-an
[7] Doyle, G. (2026, March 29). US sees first combat loss of valuable E-3 jet in Iran strike. Bloomberg.
[8] Dubois, G. (2026, 29 de marzo). Irán también destruyó un AWACS: el ataque a Prince Sultan alcanzó a un E-3 Sentry de la USAF. Aviacionline. https://www.aviacionline.com/espanol/defensa/defensa-en-estados-unidos/iran-tambien-destruyo-un-awacs-el-ataque-a-prince-sultan-alcanzo-a-un-e-3-sentry-de-la-usaf_a69c8957deaf19cfd27dce0f
[9] Dahlgren, M. (2021, January 11). Iran Reveals Underground Missile Base. Center for Strategic and International Studies, Missile Threat. https://missilethreat.csis.org/iran-reveals-underground-missile-base/
[10] Entous, A., Haberman, M., & Swan, J. (2026, May 12). U.S. intelligence shows Iran retains substantial missile capabilities. The New York Times.
[11] Clarín. (2025, 20 de junio). Qué son las “ciudades de misiles” subterráneas de Irán y por qué representan una amenaza para Israel y Estados Unidos. Clarín. https://www.clarin.com/mundo/ciudades-misiles-subterraneas-iran-representan-amenaza-israel-estados-unidos_0_CsWHAex0Ea.html
[12] Cordesman, A. H. (2019). The Iranian missile threat. Center for Strategic and International Studies.
[13] Cancian, M. F., & Park, C. H. (2026). Iran War Cost Estimate Update: $11.3 Billion at Day 6, $16.5 Billion at Day 12. Center for Strategic and International Studies. https://www. csis. org/analysis/iran-war-cost-estimate-update-113-billion-day-6-165-billion-day-12.
[14] CNN Español. (2026, 5 de marzo). Drones Shahed de Irán: qué son y por qué preocupan a Estados Unidos. CNN. https://cnnespanol.cnn.com/2026/03/05/mundo/video/drones-iran-shahed-eeuu-trax
[15] International Institute for Strategic Studies. (2021, April 20). Open-source analysis of Iran’s missile and UAV capabilities and proliferation. International Institute for Strategic Studies. https://www.iiss.org/research-paper/2021/04/iran-missiles-uavs-proliferation/
[16] Cancian, M. F., & Park, C. H. (2026). Op. Cit.
[17] La Nación. (2026, 28 de febrero). El dramático momento en que un dron iraní impacta contra un edificio residencial en Bahréin. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/el-dramatico-momento-en-que-un-dron-irani-impacta-contra-un-edificio-residencial-en-bahrein-nid28022026/
[18] Arora Seth, A., Holliday, S., & Blostein, D. (2026, June 27). We investigated damage from Iran to a U.S. naval base. Here’s what we found. The Wall Street Journal. https://www.wsj.com/world/middle-east/iran-us-naval-base-bahrain-e87bbca3
[19] Redacción Escenario Mundial. (2026, marzo 16). Mientras la guerra con Irán se intensifica, imágenes satelitales exponen que EE.UU. modificó la posición de sus portaaviones USS Gerald Ford y USS Abraham Lincoln.Escenario Mundial. https://www.escenariomundial.com/2026/03/16/mientras-la-guerra-con-iran-se-intensifica-imagenes-satelitales-exponen-que-ee-uu-modifico-la-posicion-de-sus-portaaviones-uss-gerald-ford-y-uss-abraham-lincoln/
[20] Gunzinger, M., & Clark, B. (2012). Outside-In: Operating from range to defeat Iran’s anti-access and area-denial threats. Center for Strategic and Budgetary Assessments. csbaonline.org
[21] Press TV. (2026, 19 de marzo). First strike on US F-35: Iran hits stealth jet in central airspace. Press TV. https://www.presstv.ir/Detail/2026/03/19/765579/First-strike-on-US-F-35–Iran-hits-stealth-jet-in-central-airspace
[22] Strategic Simplicity. (s.f.). Conventional long-range strike & defense: An essential element of modern strategic deterrence. Substack. substack.com
[23] Fassihi, F., & Schmitt, E. (2026, 9 de mayo). Long overlooked, Caspian Sea provides strategic trade route for Iran. The New York Times. https://www.nytimes.com/2026/05/09/world/middleeast/caspian-sea-iran-russia.html [1]
[24] Congressional Research Service. (2026, 11 de marzo). Iran conflict and the Strait of Hormuz: Impacts on oil, gas, and other commodity markets (Report No. R45281). https://www.congress.gov/crs-product/R45281
[25] CBS News. (2026, 11 de mayo). Pakistan quietly allowed Iran to park military aircraft on its airfields during crisis, U.S. officials say. https://www.cbsnews.com/news/pakistan-iran-military-aircraft-on-its-airfields-us-mediator-role/
