LA ALEGRÍA DE PELEAR Y LA VOLUNTAD DE GANAR

POR VICTORIA BASUALDO, HISTORIADORA.

En un tiempo de bombardeo permanente de preocupaciones, incertidumbres y malas noticias, con una sensación de calesita sin pausa, la partida de Beto resonó de manera distinta y fue para muchos/as un mazazo que rompió la anestesia que tendemos a aplicar para vivir en este contexto. No sólo para su familia íntima (sus hijos, su querida compañera y su familia ampliada) y la gran familia de compañeros/as del sindicato y la militancia, que lo rodearon con profundo amor en estos días incomprensibles e inesperados, sino también para los/as más diversos/as integrantes de círculos concéntricos de todos los tiempos que fuimos tocados por la varita mágica de Beto en sus increíbles 59 años de vida. Debajo del huracán de dolor, impotencia, bronca, agradecimiento, amor, abrazos e incredulidad, late una trama de vínculos muchas veces invisible y fragmentada pero muy extensa, valiosa y poderosa. Querría compartir acá algunas líneas sobre la partecita que me toca.

Al igual que tantos/as, pude compartir con él muchos años de aventuras, debates y aprendizajes. Lo conocí personalmente por mi hermano Franco en los años 2000, pero ya venía siguiendo, por interés académico y político, su papel en la historia de la organización sindical de base en el subte que permitió crear, después de años de lucha, la AGTSyP en 2008. En ese tiempo de gran vitalidad política y sindical, me encontraba trabajando sobre la historia de la organización sindical de base en Argentina y el papel de delegados y comisiones internas, así que era un interlocutor privilegiado, en el marco de las conexiones del Área de Economía y Tecnología con diversos sectores sindicales, particularmente con la CTA. Ya en ese entonces lo admiraba por su brillantez desfachatada, por sus comentarios graciosos y críticos hacia todo y todos y por su capacidad de acción en todos los terrenos. Me intrigaba mucho su historia, que iba conociendo por partes, una más apasionante y asombrosa que la otra, anécdotas siempre relatadas con acidez extrema y carcajadas.

Los primeros años de la década de 2010, en los que pudo encarar el trasplante hepático que le salvó la vida, nos encontraron cada vez más cerca. El profundo impacto por el brutal asesinato de Mariano Ferreyra el 20 de octubre de 2010 llevó al grupo que se ya se nucleaba en el Programa de Estudios del Trabajo que yo coordinaba dentro del Área de Economía y Tecnología de FLACSO, a pensar en forma mucho más profunda la problemática de la tercerización y las transformaciones de las organizaciones sindicales y su funcionamiento. Desde el equipo del CELS, que representaba a la familia de Mariano, nos convocaron a colaborar con el equipo de litigio en el juicio penal a los responsables sindicales y policiales de esa represión feroz. Iniciamos un trabajo -el primero de articulación de investigación con judicialización en el campo penal, que abrió luego el camino a otros en el campo de la responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad- que fue tomando una forma cada vez más sistemática. La sentencia judicial histórica que condenó a parte de la directiva de la Unión Ferroviaria comenzando por José Pedraza, a los autores materiales y a las autoridades policiales cómplices fue un paso central en este camino de trabajo, pero fue sólo el punto inicial de un proyecto que se propuso entender la dinámica de la tercerización como una estrategia empresarial tan central como invisibilizada.

Beto, que había sido elegido en 2011 Secretario General de la AGTSyP por primera vez, estuvo en el corazón de ese proceso de trabajo y acumulación. Para ese momento ya veníamos trabajando hace muchos años con el entrañable Victorio Paulón en el análisis de la industria siderúrgica, el caso de Acindar Villa Constitución y el largo ciclo de transformaciones estructurales desde la dictadura en adelante, abordando la responsabilidad empresarial en la represión. Beto y Victorio fueron pilares de la lucha por justicia en el caso de Mariano acompañando a Pablo, su hermano y toda la familia y nos ayudaron a impulsar, junto a Diego Morales del CELS y Alejandra Esponda en el equipo de FLACSO y con la participación de dirigentes como Daniel Yofra, una serie de alianzas que se plasmaron en encuentros mensuales de trabajo sistemático sobre el tema. Logramos así abordajes sectoriales y de casos que partieron de muy valiosas experiencias de trabajadores/as y colectivos, el aporte de abogados/as laboralistas como Guillermo Gianibelli, Carlos Zamboni, Matías Cremonte y una gran cantidad de trabajadores/as y especialistas de diversos campos, contando siempre y en cada paso con el apoyo crucial y los aportes inolvidables de Eduardo Basualdo. Esta primera etapa culminó en dos libros publicados en 2014 y 2015 en los que abordamos colectivamente diversos aspectos de la trayectoria histórica de la tercerización en América Latina y en Argentina, cuestiones de conceptualización y de fuentes y metodología que contribuyeron a alentar luego redes y articulaciones más vastas sobre un fenómeno de importancia mundial y regional.

Las palabras y acciones de Beto y Daniel, sintetizando y recogiendo sus experiencias colectivas frente a la tercerización fueron absolutamente centrales y fundantes. Los alcances e impactos de la tercerización laboral, que atravesaba a todas las actividades económicas del sector privado y también del público, estaban absolutamente silenciados por los núcleos de poder económico, subestimados por el Estado y normalizados por una gran parte de las organizaciones sindicales, que la consideraban inevitable o un mal menor en el mejor de los casos, y un gran negocio en el peor. Cuando el libro de 2014 se presentó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, las palabras públicas, descarnadas, emocionantes y movilizadoras de dos secretarios generales contando cómo habían pasado de la invisibilizarían de la tercerización al reconocimiento de su existencia y sus implicancias y luego a la lucha abierta, logrando el pase a planta a partir de luchas sindicales en los lugares de trabajo, se convirtieron en una invitación a fortalecer los procesos de organización en una gran cantidad de sectores de base que venían confrontando el tema en distintas actividades económicas.

De ahí en adelante nunca paramos. Beto nos convocó, individual y colectivamente, una y otra vez a participar de instancias y construcciones de un sindicato que crecía y abría agendas de trabajo que incluyeron la lucha contra la tercerización a nivel regional e internacional y el análisis de los impactos del cambio tecnológico en el marco de la Coordinadora de Sindicatos de Metros, una articulación internacionalista fundamental, la discusión de las sucesivas reformas laborales en clave de clase y de género, las luchas por salud laboral en marco del Espacio Intersindical de Salud, Trabajo y Participación de los Trabajadores. Beto fue central en el sostén de las investigaciones y juicios sobre responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad a partir de la increíble labor de la secretaría de Derechos Humanos del sindicato y de la Intersindical de Derechos Humanos. Estuvo en primera fila cuando presentamos el informe de responsabilidad empresarial en 2015 en FLACSO y el encuentro de trabajo en el que se conmemoraron los 10 años del informe de Responsabilidad empresarial hace poco más de un mes, en diciembre de 2025, se hizo en la casa abierta de la AGSTyP con la apertura y bienvenida de Beto.

Ni que hablar de las publicaciones de historia del movimiento obrero desde el sindicato (el inolvidable libro de homenaje al Pichi que Victorio llegó a presentar en Villa Constitución, flanqueado por Beto y Eduardo) y de las historias que escribieron sobre el propio proceso de organización, de las muestras y exhibiciones artísticas sobre tantos temas y la gran cantidad de intervenciones culturales, la radio, las revistas. En cada uno de estos trabajos hubo siempre compañeros/as increíbles motorizando esta dinámica colectiva empezando por Virginia Bouvet, pilar decisivo de toda la construcción del sindicato desde el inicio hasta la actualidad. Y siempre Beto preguntando, discutiendo, cafés, juntadas, marchas, congresos, paneles, viniéndose a cursar la materia de Historia de la Clase Trabajadora que daba en la Maestría en Economía Política de FLACSO porque le encantó el programa y no se lo quería perder, motorizando seminarios de formación sindical como el que armamos en FLACSO con Eduardo para trabajadores/as de la AGTSyP, Aceiteros/as, ATE y Sipreba. Lo pienso todo junto y no entiendo cómo pudo, cómo hacía para siempre atender el teléfono, para las juntadas por horas, para hablar de cosas urgentes y de la vida, para acompañar así las partidas de Victorio y de mi viejo, quedándose siempre hasta el final, otro abrazo más, para llamar y proponer cosas porque “estaba aburrido” y quería “hacer quilombo”, para discutir noticias políticas, temas económicos y laborales, la movida por Palestina.

En las conmovedoras y masivas instancias de la despedida encontré a muchos/as de distintas generaciones más jóvenes que él, llorándolo, queriéndolo, odiando a la muerte que se lo llevó y homenajeándolo con todo nuestro corazón, porque conocerlo y compartir con él básicamente nos cambió la vida. Beto, el dirigente sindical inverosímil que jamás se había imaginado como tal y que había encontrado su lugar y su camino, militante político nato, marxista y clasista sin un pelo de gorila, que había pasado a lo largo de los años del trotskismo al kirchnerismo, con sonrisa enorme y lengua filosa, nos regaló historias increíbles e imposibles. Desde las luchas clandestinas en los 90 a los procesos de organización colectiva que arrancaron con un regalo de cumpleaños y con juntadas entre compañeros/as en un momento de todos contra todos, la elección de delegados/as representativos y la comisión interna, la construcción de un sindicato propio frente a los cadenazos de la UTA, la personería gremial, la lucha por el salario, contra la tercerización, por las seis horas, la denuncia del asbesto y la pelea por las condiciones de trabajo y la reducción de la jornada, la articulación de clase y género y la confluencia con el feminismo, el internacionalismo como norte, la reivindicación de la historia colectiva y, como siempre decía Victorio, la defensa de los desaparecidos/as como parte del movimiento obrero.

Así como Victorio fue central para volver a los 70 una historia viva, conectar las luchas y la dictadura con el presente, derribar paredes y tejer puentes entre diversas corrientes del movimiento sindical y el campo de los derechos humanos, así como Daniel Yofra encarna hoy la histórica tradición de lucha en las fábricas industriales que inventa nuevas formas de construcción desde las bases y demuestra la importancia de la huelga y la centralidad de la pelea por el salario, Beto conectó en forma inigualable con generaciones que venían de chocar de frente con muchas paredes en los 90, una década en que se trató de convertir al sindicalismo en una cáscara vacía o en algunos casos en una máquina de disciplinar y de obstaculizar la organización y la lucha colectiva, o con quienes buscaban en los años 2000 formas contestatarias de organización sindical que permitieran enfrentar en forma profunda y cabal los descarnados impactos del neoliberalismo que seguían vigentes a pesar de la revitalización sindical. Sus palabras, pero sobre todo sus acciones, su práctica, su construcción de comunidad y su posición crítica permanente, su búsqueda activa de lo que viene, su capacidad de estirar el tiempo y de haber podido hacer siempre lo que quiso y lo que creyó, fueron y son una clase magistral.

Beto contagió a cada paso la alegría de pelear y la voluntad de ganar, de arrancar triunfos y avances que parecían imposibles y que de repente ocurrían y se volvían leyenda y esperanza para seguir. En un tiempo en que se promueve por todos los medios la visión de que la derrota es segura y que la salida individual es la que queda, ojalá nos contagiemos más y más de esa osadía, de esas ganas de pelear colectivamente por un futuro que valga la pena ser vivido y compartido. No tendremos su esperada fiesta de sus hermosos 60 ni podremos compartir las luchas que se vienen contra los intentos de reforma laboral y en defensa de los derechos colectivos frente a este ataque brutal. Me resulta un abismo impensable que no esté, un escenario realmente imposible. Pero como decía Virginia en la despedida en Chacarita, el vacío que deja Beto sólo se puede enfrentar con una multitud de nosotras/os, fortaleciendo el diálogo y la articulación entre distintos sectores y perspectivas, poniendo el foco en una mirada de clase que ordene las prioridades y las urgencias y fortalezca al conjunto, aliviando el peso tremendo de la penuria individual. Creo que cada vez que logremos andar juntos/as ese camino, no perdernos en el laberinto tremendo que enfrentamos, Beto estará presente, latiendo en nuestros corazones, acompañándonos con la palabra ácida, la carcajada, la intuición sabia y brillante y el abrazo, listos como siempre.

Victoria Basualdo, 2 de febrero de 2026.

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