ELENA SABE – RESEÑA

POR JULIA CITTA, DOCENTE.

Hace años me topé con la novela Elena sabe en una librería de usados en la Costa. Lo compré y quedó pendiente junto a otros libros, esos que siempre pensás que vas a leer próximamente y el tiempo va pasando sobre sus lomos.

Lo abrí cuando la crítica y el reconocimiento internacional le llegaron, ahí lo leí y me lo devoré por su trama y por su brillante calidad literaria.

Este año Elena Sabe, novela de Claudia Piñeiro, quedó entre las seis finalistas del prestigioso Booker Prize International, el premio que se otorga en Inglaterra a obras traducidas al idioma inglés. Pero en la Argentina se publicó en 2007.

La historia de Elena sabe es puro cuerpo, específicamente un cuerpo enfermo, Elena padece Parkinson, la misma enfermedad que padeció la madre de la autora, por eso Claudia Piñeiro señala que “Escribí Elena sabe para alentar a los lectores a mirar el cuerpo de Elena y dejar su vista allí por un largo tiempo”. 1 Es decir, visibilizar la enfermedad y los cuerpos de quienes la padecen y también otros padecimientos en los cuerpos femeninos.

La novela está estructura en tres partes marcadas por un tiempo que lo da la toma de la pastilla que debe digerir Elena, esa pastilla que le permite, hasta que finalice su efecto, mover su cuerpo aunque no pueda levantar su cabeza, aunque su visión siempre este casi al ras del suelo.

Rita, su hija, apareció colgada en el campanario de la iglesia, pero Elena sabe (cree) que su hija no pudo haberse matado, aunque el caso fue caratulado como suicidio, no se mató porque ese día llovía y la lluvia es el gran indicio de la certeza de Elena de que no fue un suicidio. Elena quiere investigar “[…] ella sólo quiere que la escuchen, y que recuerden y que digan lo que sepan pero nadie sabe nada” (65)2, quiere encontrar respuestas, saber la verdad, y Elena sabe que con ese cuerpo que lleva a cuestas, con “esa puta enfermedad” cada vez más progresiva, sola no puede. Por eso emprende un viaje desde Burzaco hasta Belgrano para encontrar otro cuerpo que la ayude, y Elena está convencida que ese otro cuerpo, el de Isabel, la ayudará porque entre ella y su hija pesa una antigua deuda. En ese viaje desde el conurbano, entre tren y taxis vamos conociendo a estas tres mujeres y como lectrxs vamos tejiendo nuestras propias hipótesis sobre la muerte de Rita.

Pero también nos vamos adentrando sobre la intimidad de la relación madre-hija, sobre el perverso sistema de salud (que si es pago es peor), sobre la burocracia en todas sus manifestaciones, sobre las condenas sociales, sobre la religión, sobre la enfermedad, sobre la vejez, sobre los cuerpos que se encargan de la vejez ajena, sobre la maternidad, sobre el aborto, sobre el padecimiento de las mujeres, sobre el dolor de una madre ante un hijo muerto y el dolor de una madre de tener un hijo vivo sin desearlo.

Todo eso condensado en tres cuerpos: El cuerpo enfermo de Elena, el cuerpo forzado de Isabel y el cuerpo muerto de Rita. Que se puede sintetizar en la trilogía Suicidio, aborto y eutanasia; condenados por la iglesia, pero levantados, entre las mujeres, como banderas por el derecho a decidir. Y Claudia Piñeiro fue una de las voces de la lucha por la legalización del aborto en nuestro país.

Estas tres mujeres a través de sus cuerpos nos interpelan, hablan, y con esas palabras vamos armando el rompecabezas de esta historia, de este “relato del dolor”. Citar sus palabras sería dejar al descubierto la trama. No las silencio por cobardía sino para que descubran por su cuenta lo que Elena sabe o decide ignorar.

Porque cuando Elena llega a destino comprende que el cuerpo de Isabel no es el que esperaba. Elena escucha, recuerda y sabe que lo que Isabel no pudo decidir sobre su cuerpo, su hija Rita si… y la lluvia deja de salvarla porque Elena empieza a comprender que algo cambió.

Pienso cuánto hubiese cambiado en mí si leía antes esta novela, antes de marchar vestida de verde o violeta, antes de abrazarme colectivamente con muchas mujeres para reclamar y ampliar nuestros derechos, pienso por qué no llegó antes el reconocimiento de esta novela, porque seguramente nos hayamos cruzado con muchas Elenas, Isabeles y Ritas que no pudimos abrazar o escuchar como necesitaban. Si bien la literatura no tiene una finalidad en sí misma, muchas veces nos ayuda a decir, a entender, a comprender y a decidir. De la misma manera que nos ayuda darnos la mano, abrazarnos, caminar por las calles y gritar: “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”.

1 –https://www.infobae.com/leamos/2022/05/28/mi-madre-tuvo-parkinson-escribi-elena-sabe-por-ella-el-discurso-intimo-y-politico-que-claudia-pineiro-preparo-para-el-booker-prize/

2 – Piñeiro, Claudia. Elena Sabe, Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial Argentino, 2007. Las citas corresponden a esta edición.

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