LUCHANDO ABAJO Y ARRIBA

POR RAFAEL DALOI, ASISTENTE DE TESORERÍA.

Antes de ser Julio César, el Emperador Romano de Titanes en el Ring, Adolfo Omar Sanchez, fue delegado gremial en la Ford de General Pacheco y uno de los primeros detenidos de la Dictadura del `76.

El público colmaba las instalaciones de Teleonce y una multitudinaria audiencia seguía desde sus hogares las alternativas de Titanes en el Ring, aquellos viernes de 1982 a las 21.

En el segundo programa de aquella temporada, un 9 de abril, cuando hacía una semana que había comenzado la Guerra de Malvinas, hizo su presentación una figura que iba a ser ídolo y lograría una notable permanencia entre los fans, que alcanza hasta nuestros días.

Con un físico imponente y una depurada técnica, Julio César, el Emperador Romano, se ganó el favor de los aficionados desde el primer momento. Supo imponer su presencia asumiendo el personaje histórico con solvencia y convicción, sostenido por la compañía de Cleopatra, la Reina de Egipto y la musa a la que dedicaba sus triunfos.

Julio Cèsar.

Nadie podía suponer, en ese momento, que el portentoso luchador que brillaba sobre el cuadrilátero había protagonizado otro tipo de luchas una década antes.

El intérprete de Julio César (una decisión de último momento, ya que se lo pensó primero como Marco Antonio), era Adolfo Omar Sánchez, vecino de la localidad de Tigre, que desde su adolescencia trabajó en empresas metalúrgicas y automotrices de la zona.

A los 20 años, en 1971, ya estaba en la Fábrica Ford de General Pacheco y por sus dotes naturales de liderazgo se convirtió en delegado gremial elegido por sus compañeros por amplia mayoría.

En ese rol sindical llevó adelante una férrea defensa de los derechos y condiciones laborales de los trabajadores de la planta, lo que más de una vez generó conflictos de intereses, dirimidos a través de medidas de fuerza.

El 24 de marzo de 1976 comenzaba la época más oscura que vivió la Argentina, la dictadura cívico militar.

Con Adolfo no perdieron el tiempo: apenas cuatro días después, un grupo de tareas lo fue a buscar a su casa, fue detenido ilegalmente, lo metieron en un auto, así como estaba (en ropa interior), lo ataron y lo encapucharon.

Esa misma noche se llevaron a otros delegados de Ford: Pastor José Murúa, Carlos Chitarrone y Juan Carlos Amoroso (homónimo de un conocido relator argentino de lucha, pero sin relación alguna con él).

Lo tuvieron escondido en centros clandestinos en Ingeniero Maschwitz y en Escobar, donde fue torturado por la policía bonaerense del General Ramón Camps.

Posteriormente fue trasladado a La Plata y no se supo nada de él hasta febrero de 1977. En ese momento su familia supo que todavía estaba vivo. Luego de haber recuperado su libertad le costó reinsertarse en el mercado laboral. Los militares lo seguían persiguiendo: a través de un amigo logró ingresar a trabajar en Fate, en horario nocturno. Esa misma noche lo abordaron para impedirle continuar su tarea.

Paralelamente, comenzó a entrenar y a acercarse a la lucha libre o catch, como se conoce en Argentina, derivación del “catch as catch can” (agárrese como pueda) que trajeron en 1934 los europeos liderados por el Conde Karol Nowina.

Comenzó luchando en elencos barriales y en 1979 pasó a la televisión por Canal 2 en el programa Los Auténticos Titanes, dirigido por Miguel Pedernera.

Su personaje entonces fue El Sansón Argentino. Entró en contacto con el luchador “Pichi” Diana, conocido como El Aldeano y así se fue pavimentando su ruta hacia Martín Karadagián y sus Titanes en el Ring.

El ídolo de Adolfo era El Ancho Rubén Peucelle y, de repente, se encontraba luchando junto a él, en aquella temporada de 1982. Sobre el final de esa temporada fue separado del plantel por cuestiones disciplinarias y al año siguiente pasó a Colosos de la Lucha, el programa de Alejandro Rodrigo Mister Moto, con el personaje de El Espartano.

Siempre en la lucha de alguna manera, en 1991 fue convocado para el ciclo Rambo y sus Titanes, que se emitió por Canal 9.

En esa oportunidad paradójicamente le tocó el personaje de El Poliloco Carey Mahoney, extraído de los dibujos animados de Locademia de Policía. “Lo hice porque era un personaje cómico, si no, nunca hubiera hecho de policía”, aclara.

En las temporadas televisivas de Titanes en el Ring 1988 y 1997, volvió a interpretar a Julio César, su criatura favorita.

Además de luchador, fue empresario y promotor, dirigió su propio programa en la TV rosarina, Los Magníficos del Catch, e incursionó en la actuación en diferentes vehículos de Diego Capusotto y Fabio Alberti, como Todo por Dos Pesos, los espectáculos teatrales Qué Noche Bariloche y Una Noche en Carlos Paz, y la película Pájaros Volando.

En diciembre de 2018 la justicia condenó a prisión a los ex-directivos de la planta Ford en General Pacheco. Héctor Francisco Sibillia (12 años) y Pedro Müller (10 años), como cómplices del secuestro y tortura de 24 trabajadores de la empresa, entre los que se contaba Adolfo Sánchez.

Adolfo Omar Sanchez, “Julio César”, en Subte Radio.

Lamentablemente, Julio César no fue el único Titán perseguido por la dictadura a causa de sus actividades gremiales: el uruguayo Juan José Rico, que estuvo en el elenco entre 1966 y 1972 con el personaje de El Oriental, y El Gran Otto (Rubén Ángel Uez), el rapado campeón alemán, también sufrieron persecuciones, apremios y detenciones ilegales de las que pudieron zafar por haber sido miembros de Titanes en el Ring, con la ayuda del propio Martín Karadagián.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.