MICRORESISTENCIAS OBRERAS: “OBLIGAMOS A LA PATRONAL A QUE NO ENTREGUE A NADIE MÁS”

POR ACOPLANDO.

German Valdivieso

Antes de ser trabajador y dirigente del subte, Germán Valdivieso, estudiaba Ingeniería en Tucumán. Fue en esa provincia donde forjó su militancia. Primero como delegado de los comedores universitarios y luego como obrero de la Robert Bosch.

Germán se hizo obrero para resguardar su vida. Un grupo de tareas de la policía de Tucumán lo estaba buscando. Venía de militar en la universidad contra el cierre de los comedores y de ganarle a la dictadura de Levingston en el histórico, “Tucumanazo”, la pueblada que en 1970 unió a obreros y a estudiantes.

“Cuando empezó la represión me refugié en el trabajo en fábrica, primero trabajé en una metalúrgica y luego como tornero de la Robert Bosch, una automotriz alemana que hacía bujías y bombas inyectoras”, recuerda.

Valdivieso, en su casa de Marcos Paz, donde vive actualmente.

Fue en esa fábrica donde “en una ocasión entraron fuerzas paramilitares de la policía de la provincia y se llevaron a un compañero simpatizante de Montoneros. Todos nos quedamos muy mal porque no aparecía y cuando lo regresaron recuerdo que estaba hecho pelota”.

Después de ese episodio, los trabajadores pararon y “obligamos a la patronal a que se negara a entregar a otro compañero, cualquiera sea su signo político”.

Los patrones cumplieron pero las fuerzas represivas, igualmente, lo esperaban en la entrada de la fábrica.

“Me iban a buscar a la entrada y a la salida. Nunca me pudieron aprehender porque yo me escapaba por los alambrados, todo el mundo lo sabía, menos ellos. Esto sólo se puede hacer con la complicidad de los compañeros e incluso de la patronal, que después de la huelga no entregó a nadie más”, remarca.

Germán fue parte del histórico “Tucumanazo”.

Cuando allanaron su domicilio, él ya estaba clandestinizado: “zafé pero la situación era insostenible desde el punto de vista racional”. Es que, a pesar del riesgo que corría su vida, Germán no quería dejar la fábrica y mucho menos abandonar la provincia: “me negaba a dejarlo todo, no se porqué locura quería seguir yendo a trabajar”, reflexiona.

Se resistió durante un tiempo hasta que “compañeros de la organización en la que militaba me hicieron entender e incluso me obligaron a irme de Tucumán. Así es cómo llego a Buenos Aires el 31 de diciembre de 1975”.

En septiembre de 1976, Valdivieso ingresó a trabajar en el subte. Fue peón, boletero y conductor. En 1979 dirigió el histórico paro a la última dictadura por aumento de salarios. Terminó preso pero lxs trabajadorxs volvieron a parar. A las pocas horas lo tuvieron que liberar. “Mis compañeros me salvaron la vida”, dice siempre.

EL RELATO EN PRIMERA PERSONA:

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