“CREAMOS LA COORDINADORA PARA ORGANIZAR LA LUCHA”

POR TANO PISANI, SECRETARIO DE CULTURA, CONDUCTOR DE LA LÍNEA B.

En los setenta, Armando René D’Oro, “Pelusa”, para sus compañerxs, fue delegado del Laboratorio Squibb & Sons y formó parte de la Coordinadora de Zona Norte. En esta entrevista nos cuenta cómo se organizaron con comisiones internas de otras fábricas para enfrentar a las patronales y a las fuerzas estatales: “A pesar de la represión, la clase obrera no retrocedía”, destaca.

Tano: ¿En qué año entraste a la fábrica y como estaba constituida?

Ingresé a trabajar al Laboratorio Squibb & Sons en 1970. A partir de 1974 fui electo para ser el delegado de la sección Fermentación. En total éramos 18 delegados los que formábamos parte de la Comisión Interna, de ellos, 5 éramos parte de la Comisión de Reclamos, la encargada de reunirse todas las semanas con el Gerente de Recursos Humanos de la empresa.

Tano: ¿Formaste parte de la Coordinadora de Zona Norte?

Pelusa: Yo era el representante de Squibb en la Coordinadora de Zona Norte, pero, además, nosotros fuimos parte de su creación junto a Ford, Astilleros Astarsa, Terrabusi, Matarazzo, etc.

Tano: ¿Cuándo se fundó y por qué?

Pelusa: El 23 de junio de 1975 por iniciativa de las Comisiones Internas y delegados del Astillero Astarsa, Editorial Abril, Laboratorio Sqüibb, Tensa, Laboratorios Avon, Santini y la adhesión del Sindicato de Cerámistas de Villa Adelina, se convocó a la constitución formal de una Coordinadora Interfabril, para centralizar y organizar la lucha simultánea que se venía desarrollando en la mayoría de las fábricas y talleres desde Vicente López hasta el límite norte de Tigre. Para poder llevar a cabo este objetivo se crearon comisiones integradas por activistas de los distintos establecimientos. El objetivo era recorrer la zona invitando a los obreros a sumarse a este flujo de coordinación proletaria.

La comisión interna de laboratorios Squibb & Sons fue parte de la Coordinadora de Zona Norte.

Tano: ¿Cómo se fue desarrollando ese proceso?

Pelusa: La decisión de crear la Coordinadora se comenzó a gestar en diciembre de 1973, cuando el cuerpo de delegados de la fábrica Matarazzo, Villa Adelina, presentó un petitorio que incluía un aumento salarial. La empresa respondió con el despido de trabajadores quienes replicaron con paros parciales y luego un huelga general que terminó con la reincorporación de los compañeros. Pero, para fines de abril de 1974, la compañía echó a 26 trabajadores, incluyendo al nuevo cuerpo de delegados. Como respuesta a los despidos, el 9 de mayo, trabajadores encabezados por un comité de lucha tomaron la fábrica y retuvieron a los dueños y el personal jerárquico.

Equipo de futsal de las secciones de Fermentación y de Purificación.

Los obreros de los establecimientos vecinos se solidarizaron con la lucha y ocuparon los alrededores de la fábrica e impidieron la acción represiva de los organismos del Estado. A la patronal no le quedó otra alternativa que reincorporar a los despedidos y otorgar un aumento salarial.

Días más tarde la empresa cerró la fábrica, en un “lockout”, con el aval del propio Ministerio de Trabajo y del Poder Judicial. Entonces, abandonados por la dirección burocrática del gremio y la necesidad económica, los trabajadores continuaron la lucha. Durante todo este proceso jugó un papel preponderante como centro de organización y difusión un local que la JTP tenía en Mitre y Malaver, Villa Adelina, ya que servía como lugar físico donde el activismo podía reunirse, planificar actividades y llevarlas a cabo.

Tano: ¿Entre ustedes tenían relaciones sociales aparte de las sindicales?

Pelusa: No, acordate que en esa época éramos muy perseguidos y teníamos que reunirnos a escondidas, por eso todos teníamos sobrenombres, solo salíamos a la luz cuando alguna fábrica estaba en conflicto, entonces movilizábamos a muchos compañeros. A la mayoría de los delegados de otras empresas que participaban en la Coordinadora los conocíamos por los apodos y no por sus verdaderos nombres. Por ejemplo, en nuestra fábrica, varios compañeros tenían sobrenombres, recuerdo a uno que le decían, Tero, porque tenia piernas largas, después estaba Mudo, que no paraba de hablar, Sordom porque no escuchaba nada, el Gallego, porque parecía alemán por lo rubio y los ojos claros, Bombacha, que era morocho y grandote, por la apariencia te comía crudo, pero la mujer lo tenia cortito y Bombilla de Cobre, porque era flaquito y colorado, hace unos 5 años me encontré con él.

Recorte periodístico que refleja la pesecusión a lxs dirigentes sindicales.

Tano: ¿Recordás algún hecho o manifestación importante para esa época?

Pelusa: Sí, recuerdo que en una oportunidad los integrantes de la Coordinadora Interfabril de Zona Norte repartimos volantes en toda el área industrial y los barrios obreros convocando a una gran marcha hacia Capital Federal para exigir la homologación de los convenios paritarios, la anulación del “plan Rodrigo” y la remoción de varios ministros del gabinete nacional. Al día siguiente, el Canal San Fernando comenzó a poblarse con los trabajadores de los astilleros de Tigre y San Fernando, a quienes se le sumaban los obreros de las distintas fábricas y talleres de la zona. Alrededor del mediodía la columna obrera arribó a la Avenida Hipólito Irigoyen y Panamericana, donde se desarrolla una multitudinaria asamblea (más de 10.000 obreros y empleados) que ratificó la idea de continuar hasta Plaza de Mayo con el propósito de reclamar la plena vigencia de las paritarias y evitar que los dirigentes de la CGT firmen cualquier cosa.

El avance se realiza hasta la Avenida general Paz. En ese lugar nos esperaba un fuerte operativo de la Policía Federal. Llegado a este punto, se produjo el momento de máxima tensión de la columna. A la cabeza de la movilización se encontraba un grupo de activistas de Ford que alentados por el carácter combativo y multitudinario de la marcha intenta forzar el paso y enfrentar la posible represión policial. Sin embargo, otros grupos como el representado por la Comisión Interna de Sqüibb, nos negábamos a esta pretensión, debido a la composición de la marcha (había muchas mujeres y niños). Finalmente, la situación se resolvió en una asamblea que decidió replegarse hasta Martínez.

Tano: ¿Después de la marcha en Panamericana, como siguió el proceso de la Coordinadora?

Pelusa: El 4 de julio de 1975 se llevó a cabo la primera reunión de la mesa de Enlace de la Coordinadora con representantes de más de medio centenar de establecimientos fabriles. Ahí decidimos formar 4 sub zonas: San Martín, Florida, San Isidro y San Fernando. El lunes 7, medio millar de trabajadores, tomamos la planta de Laboratorios Sqüibb y logramos obtener todos los reclamos solicitados: 100% de aumento salarial, pago de todos los días de huelga y la palabra de no tomar represalias con los organizadores de la misma. Este hecho profundizaba y superaba objetivamente los planes de la cúpula sindical, y se repitió en otros establecimientos de la zona.

La planta de Laboratorios Squibb en Martinez.

“EL TRIUNFO DE LA MOVILIZACIÓN”

El lunes 17 de julio se publicó el primer documento público de la Coordinadora metropolitana denominada “El triunfo de la movilización”. Allí planteábamos la necesidad de “reunir el esfuerzo activo de cada compañero, de cada empresa, de cada zona industrial, para movilizarse en su conjunto”, además de “defender y ampliar las conquistas del Movimiento Obrero. El 11 de marzo (de 1973), optando por la Liberación en contra de la Dependencia”. Nuestra propuesta de lucha incluía varios puntos: 1) Pago de los salarios de los días de paro. 2) Un mínimo de 650.000 pesos para los docentes, estatales y otros gremios sumergidos. 3) Defensa del salario real mediante un estricto control popular de precios. 4) Rechazar el descuento inconsulto de un jornal por mes, en tanto va en beneficio de intereses ajenos al pueblo. 5) Rechazar todo tipo de descuento compulsivo. 6) Exigir la renuncia de los dirigentes gremiales que apoyaron el aumento por decreto. 7) Defensa de las estructuras gremiales y recuperación de los sindicatos y la CGT para los trabajadores 8) Exigir la renuncia de los funcionarios responsables de la situación política y económica y de quienes traicionaron el mandato de liberación 9) La libertad de los compañeros Ongaro, Piccinini, Collazo y demás presos gremiales, políticos y estudiantiles”.

“Pelusa” fue elegido delegado del sector Fermentación.

El segundo Plenario de la Coordinadora se realizó el domingo 20 de julio en las instalaciones del Club Social Beccar, donde se reunieron cerca de 420 activistas político-sindicales. Estaban representadas 116 Comisiones Internas, 11 sindicatos. Lo que quedó en claro de este segundo Plenario es que las Coordinadoras establecían tres parámetros a garantizar: la lucha contra el sectarismo, impedir la transformación del nuevo organismo en un mero instrumento de política partidaria y asegurar la democracia interna en su estructura.

Estos temas revelaban la discusión política que atravesaba a la vanguardia obrera, condicionando la óptica de las organizaciones políticas y de sus propios militantes. Pero, el conjunto de la clase obrera (luego del esfuerzo realizado durante junio-julio), iniciaba un lento repliegue tras la obtención de sus reivindicaciones gremiales.

Como resultado, el salto cualitativo que éste plenario expresó se puede considerar en medio de una situación política en la cual la facción más reaccionaria del gobierno acusaba el golpe, con un estado de sitio y una legislación represiva jamás vista. Por lo tanto, la reunión de más de 420 activistas políticos-sindicales destacados por la organización de la huelga general, demuestra el grado de alto compromiso asumido por los mismos.

A partir de julio de 1975 el escenario político y social cambió totalmente luego de la etapa de la huelga general. Durante los meses de agosto y septiembre el empresariado lanzó una feroz ofensiva contra el activismo fabril provocando su reacción. Esto se veía reflejado en la realización de asambleas y tomas de fábrica, lo que servía de pretexto a las patronales para denunciar el avance de la “guerrilla fabril”. Para ese entonces cualquier medida de fuerza podía ser encuadrada como conducta subversiva. Por otro lado, la “Triple A” hacía uso de su impunidad para desarrollar su “guerra clandestina” contra los militantes más expuestos, que cobraba semanalmente su cuota de asesinatos. A pesar de todas estas acciones represivas, la clase obrera no terminaba de retroceder.

El complejo escenario fue aprovechado por el gobierno y el sector empresarial, que iniciaron un “ensayo general” de lo que sería la más formidable escalada represiva contra la vanguardia obrera, que consistía en dos ejes fundamentales: la identificación del enemigo (el terrorista fabril) y su posterior eliminación. La acción psicológica principal era instalar la idea de que los trabajadores habían sido infiltrados por elementos subversivos (delegados y activistas), lo que intentaban era separar a los cuerpos de delegados de sus compañeros y dejarlos sin el sostén de sus bases. El principal vocero de esta campaña fue el diario La Prensa.

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