ENTRANDO AL OTOÑO APARECIÓ “UNA LLAMA EN EL INVIERNO”

AYELÉN FAGIANI – HACEDORA CULTURAL.
@ayelen.fagiani

Como si fuera una historia en un mundo distópico y apocalíptico, Quetzal Chebú nos regala Una llama en el invierno, su segundo disco de estudio. Con un sonido que nos invita a viajar por diferentes países de Latinoamérica, esta banda oriunda del barrio de Boedo nos hace cerrar los ojos y recorrer, aunque sea imaginariamente, distintos lugares de nuestro continente y, a su vez, diferentes épocas.

Todo empieza con Kumbé, etimología africana traducida como jolgorio, fiesta y baile colectivo —de ahí deriva la palabra cumbia—. Una postal del Caribe colombiano: fresca, pero a la vez tan secadora de gargantas que, mientras suena, no podés dejar de pensar en un fernet helado. Pero fueron un poco más allá: no se quedaron solo con el sonido del acordeón, sino que le sumaron algo tan característico como particular, una guitarra al mejor estilo western que aparece a lo largo del disco y construye una identidad sonora muy propia.

A lo largo del recorrido, nos encontramos con canciones que le hacen honor al espíritu del primer tema: cumbias de distintos estilos, cada una destacada en su esencia. Por un lado, Noche de Boedo, una historia común que nadie se había animado a convertir en canción, con un estribillo digno de una hinchada del fútbol argentino dedicada a su clásico. Cierra con un giro llamativo que genera desconcierto la primera vez, pero que a los pocos segundos se vuelve indispensable.

Por otro lado, La chica de lentes nos traslada a esa fiesta que nadie quiere que termine; esas en las que, cuando empieza a salir el sol, dan ganas de apagarlo para que la noche sea eterna. Una canción para cantar a los gritos.

La vida en la selva nos mete de lleno en la selva guaraní: humedad, calor, cataratas y, como durante todo el disco, un buen trago en la mano. Héroe del desierto es quizás la canción más metafórica, una cumbia más caminada y pesada, pero igual de amiga del movimiento de caderas. Y para cerrar esta primera etapa, La romántica: una cumbia suave, de amor, para recordar picardías mientras cruzás miradas cómplices bailando bien apretado.

Después de este viaje, Quetzal Chebú se mete en terrenos más experimentales y emocionales. Acá aparecen una salsa amorosa —Tan linda que duele—, una suerte de corrido mexicano —De copas con Don Negrete— y una murga que mezcla lo porteño con lo uruguayo —El reencuentro—, demostrando que la música tiene la fuerza y la sensibilidad necesarias para unir distintas emociones dentro de un mismo concepto de disco.

Ya en el tramo final entramos en la parte oscura del álbum, pero no en un sentido tenebroso, sino en esa oscuridad que sugiere la tapa: la noche, el fuego que combate el frío, las estrellas, los calderos. Una oscuridad que calma, que abraza, que llena de paz.

Ahí aparece Selk’nam, una pieza más recitada que cantada, donde la banda parece entrar en un trance chamánico. La sensación es clara: alguien nos está contando una historia en medio del bosque, rodeados de árboles, con una fogata encendida, una guitarra y silencio. Una vez más, las guitarras western hacen de las suyas y nos regalan un viaje sonoro hipnótico. Por otro lado, Receta oficial, se presenta como un bolero que coquetea entre lo clásico y un aire andaluz. Es imposible escucharla sin que asome una lágrima. La canción invita a meterse en la historia y a imaginar que esos abuelos son los propios, recordando momentos donde el amor se expresaba de la forma más simple y profunda: un plato de comida.

En definitiva, Quetzal Chebú entrega una obra transversal que no se queda en un solo género. Una llama en el invierno es un disco multifacético, capaz de acompañar distintos momentos: un viaje en ruta, una noche de fiesta, un encuentro amoroso o incluso una vuelta a casa en colectivo.

Musicalmente, construyen una base sólida entre bajo y percusión que sostiene guitarras, teclados y una variedad de instrumentos que aparecen a lo largo del disco. Los arreglos de voces y coros amplían la experiencia y la mezcla logra un equilibrio preciso que resulta siempre agradable al oído. Quizás uno de los puntos más destacables sea justamente ese: el sonido elegido y lo bien concretado que está a nivel de producción.

Quetzal Chebú decidió no patear todos los penales fuerte al medio. Se la jugaron a buscar los palos. Y, por suerte, todas entraron.

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