ENTREVISTA. “SER MUJER Y SINDICALISTA ES UNA UNIÓN DE MUCHA POTENCIA”.

POR GISELA COMISSO, AUXILIAR DE LA LÍNEA E, INTEGRANTE DE LA SECRETARIA DE GÉNERO

Entrevistamos a las militantes sindicales, Ana María Putelli y Magui Ponce, referentas bancarias en la época de la dictadura del ’76 y compañeras en la resistencia obrera. Ana María es una de las protagonistas del documental Se va a Acabar, dirigido por David Blaustein y Andrés Cedrón. “La organización siempre debe ser desde abajo”, coinciden.

¿Cuál fue el motor o los motores que las llevaron a ser parte de la organización sindical en el banco?

Magui Ponce: Tengo dos etapas de bancaria: una en el BIR (Banco de Intercambio Regional) que cerró sus puertas, y dejó un tendal de ahorristas y trabajadores en la calle. Esa lucha la dirigió nuestro partido el Partido Socialista de los Trabajadores, y en plena dictadura logramos grandes luchas y movilizaciones a nivel nacional ya que teníamos más de 100 sucursales en el país. Producto de esa lucha muchos compañeros fuimos reabsorbidos por distintos bancos y a mí me tocó el Nación. Ahí empieza otra etapa. Militancia sindical, obvio clandestina ya que seguía la dictadura. Hacíamos vaquita entre todos los empleados para comprar las velitas de gamexane y nosotros, el grupo de compañeros más comprometidos, nos encargábamos de encenderlas en operativos realmente muy arriesgados pues los controles eran muy estrictos. Con eso lográbamos forzar un paro de 4 0 5 horas, hacían salir a todos los empleados a la Plaza de mayo a esperar que se ventile ese humo tóxico, y luego se entraba a seguir trabajando. También nos organizábamos las compañeras para ir a jugar vóley en el Club Comunicaciones y esas juntadas eran pretexto para hablar de la organización sindical y política. También en el Nación hicimos circular un petitorio pidiendo aumento de sueldos, y una vez fui llevando el petitorio a la Sucursal Pasco, utilizando los 45 minutos que teníamos para comer (tomábamos el subte e íbamos a distintas sucursales a hacer firmar), y me vio y reconoció un jefe que me conocía, me denunció y me iniciaron un sumario…que terminó en despido obviamente.

Mi motor fue mi militancia política, pero además de militantes éramos parte del movimiento obrero, estudiantil, docente, etc. y nos comprometíamos fuertemente en la vida sindical de cada lugar, no sólo por mandato partidario, sino por mi profunda convicción que sólo con la organización y lucha de los trabajadores podríamos conseguir mejores condiciones laborales.

Ana Maria: Yo entré al banco porque por la situación política ya no podía quedarme en la universidad (UBA-Económicas), era militante del Partido Socialista de los Trabajadores y se veía que “frentes” privilegiar, donde poder meter compañeros para crear una corriente lo más organizada posible.

En bancarios había tradición ya que había militantes desde mucho antes de la dictadura, (la Lista Verde Bancaria). En lo personal, y antes de empezar a militar en el partido, yo había sido activista estudiantil, lo que puede considerarse también una forma de gremialismo, sobre todo porque era un cole muy tradicional (Normal) y nos habíamos planteado por primera vez crear el Centro de Estudiantes, fueron años de aprendizaje creo yo.

Entré al partido o consolidé mi relación cuando volanteando la puerta de la fábrica Eveready, durante la campaña electoral del 72, dos delegados aparecieron molidos a palos por la burocracia, ahí me convencí que “no podía seguir sucediendo” que por ser delegado te pasara eso, ¡había que cambiarlo!

-¿Que significaba en ese momento ser parte del sindicalismo siendo mujer y cuales son sus perspectiva hoy del movimiento sindicalista feminista?

Ana Maria: El partido pertenecía a una corriente internacional, la IV Internacional y mantenía relaciones fluidas con el Socialist Worker Party de EE UU, allí las feministas tenían mucha presencia y nosotros leíamos sus documentos y manteníamos campañas unificadas. De hecho el PST en el año 73 presentó como candidata a Vicepresidenta a Nora Ciapponi, mujer y delegada obrera de fábrica textil.

Tanto en lo sindical, como en lo político ser mujer te hacía laburar más para obtener reconocimiento. En el partido no era muy visible hasta que durante la dictadura y teniendo que mantener “apariencias” de persona normal y corriente en los laburos y los barrios se notaba la doble carga, si buscás una de las últimas fotos de Ana María Martinez, una de las últimas asesinadas por la dictadura, está colgando la ropa en el fondo de la casa, porque el barrio te veía. Había un documento interno durante esos años que decía no ir a citas de bares a las 8 de la mañana de un domingo, pedir un café, sacar los puchos y ponerse a leer las páginas políticas del diario, eso llama la atención, pone en evidencia. ¿Te imaginás? Eso hizo que las compañeras de Córdoba iniciaran un movimiento interno para que las tareas de las compañeras sean reconocidas con un plus (internamente) ya que debían cumplir muchos roles. Fue toda una revolución interna, por supuesto los machirulos opinaban que era una boludez, que nadie reconocía tanto como nosotros, etc, etc, se hicieron plenarios donde se discutió de todo, desde las tareas internas, externas, hasta sexualidad. ¡Triunfo!

En bancarios era más fácil, pero la bancaria no tenía comisión de la mujer, y esa fue una de las tareas que nos pusimos, aun bajo la intervención militar-marina de la bancaria. Logramos hacer un gran festival de mujeres para el día del bancario con miles de mujeres en el camping del Banco Provincia en Vte. Lopez, por supuesto todo absolutamente naif, campeonatos de vóley, mesas de intercambio y confraternación, etc. Eso nos permitía conocer gente y empezar a organizar.

Hoy las mujeres sindicalistas siguen relegadas, es evidente, los gremios mayoritariamente femeninos dirigidos por hombres, igual aquellos donde hay más o menos paridad en número, un desastre, ni hablar de CGT, etc. Espero ser clara en esto, ha cambiado poco.

Magui Ponce: Fue una experiencia muy fuerte, las mujeres en ésos tiempos no teníamos tanta organización y conciencia como ahora, y creo que todo nos costaba un poco más de esfuerzo. Y sí, esto sumado al hecho de que tuve que salir de Tucumán, donde había tenido militancia universitaria, y Bussí había cerrado la Facultad de Psicología porque según su mentalidad genocida, era la cuna de la “subversión”. Cuando todo se hizo insostenible, me tuve que ir de la provincia, a la que pude volver sólo después de la vuelta a la democracia. Creo que esos dos elementos, ser mujer y sindicalista, es una unión de mucha potencia, así como lo fue ser madre y luchadora por los derechos humanos.

-Pensando un poco en la historia de lucha del pueblo trabajador y como nos constituye, ¿Cuales son para ustedes las estrategias de organización para nuestro presente y futuro?

Magui Ponce: La verdad, es una pregunta difícil de responder…”me va la vida en ello” como dice una canción.

Muchas veces siento que mi proyecto y el de tantos, fracasó…pero qué increíble la resiliencia que tenemos todos, apenas hay una oportunidad ahí estamos, luchando otra vez y con las esperanzas intactas de un mundo más justo. Eso, siempre va a estar, mientras haya necesidades. Estar siempre “pegado” al pueblo trabajador, nos va a permitir no equivocar la senda y encontrar las mejores estrategias a futuro.

Y las felicito compañeras por su lucha sindical, ojalá su ejemplo se multiplique y haya muchas compañeras como ustedes que dignifican su condición de mujeres.

Ana Maria: La organización siempre debe ser desde abajo, no hay otra, sobre todo para las mujeres, creo que ganando los lugares de base, convirtiéndose en mayoría en cuerpos de delegados, asambleas etc, puede cambiar la situación de la mujer y de los trabajadores en general. Siempre en unidad de acción con todos (que no quiere decir entregarse, ni las reivindicaciones, ni los principios) pero teniendo claro que la unidad desde abajo y en el camino de la pelea es lo importante y lo que hace crecer la conciencia.

Nunca permitir que los dirigentes decidan solos, pero siempre refrendado por organismos de base, por asambleas, siempre lo más abajo que pueda decidirse y nunca, nunca creerse iluminados, siempre que uno propone algo mirar para atrás a ver si viene alguien, ¿cuántos?, ¿convencidos?, o ¿solo votaron porque los maniobramos o los presionamos? ¿De verdad están ahí poniendo el cuerpo? ¿De veras están convencidos que vamos bien por acá y hasta el final?

Todo esto no es más que táctica, ¿Cuál es la estrategia? La mayor independencia para los trabajadores en sus decisiones, acciones, y organización. Seguramente habrá que negociar, bajar puntos pero nunca perder de vista de que lado de la trinchera uno está. No dejarse convencer por aquellos que dicen ser compañeros en lo político para la foto pero cuando hay que sentarse frente a las patronales entregan todo.

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