Acoplando

VAIROLETO, CRÓNICA DE UN JINETE FURTIVO

POR ALEJANDRO COLLI. PROFESOR DE HISTORIA. DELEGADO DE UTE.
Él sobrevive / casi por el capricho de la suerte, / por una burla triste, / desmemoria de un tiempo que el tiempo degolló: / ¡montes de nadie, medanadas hondas, / trillo perdido de los bandoleros” ( “el último” poema de Edgar Morisoli , 1984).

4 de noviembre de 1919 en Colonia Castex, un pequeño pueblo agrícola en el norte de la provincia de La Pampa que recién empezaba a dar sus primeros pasos. En la fonda de Santiago Peirone , un hombre joven bebía una cerveza mientras jugaba unas partidas de truco cuando pudo observar nuevamente, la presencia de aquél sujeto, su peor enemigo convertido en la sombra que lo perseguía pero también en su obsesión: ese milico no solo le disputaba a la Dora, esa mujer con quién solía lucirse en el baile y que hacía insoportable la envidia del “turco” Farache, sino que además, poco tiempo atrás, le había hecho sentir todo el rigor del escarmiento por semejante provocación; lo había encanado y humillado sometiendolo a rebencazos mientras lo espoleaba como si fuera un potro, para que entienda, de una buena vez y para siempre, que meterse con la autoridad del uniforme tiene consecuencias en esas tierras, y que un roñoso peón quiera meterse con la mina de un gendarme, es un acto de desacato que merece un castigo aleccionador.

El hombre joven, de estatura mediana y mirada profunda dudó un instante antes de buscar presuroso la puerta de la posada. Pero ese mediodía, el inevitable encuentro con el destino se presentó ineludible y por más de ese primer intento del muchacho de postergarlo, la prepoteada desaforada del uniformado al verlo, terminó con una bala encrustada en el reloj de pared de la fonda y otra en el cuello del milico. El Muchacho calzó su caballo y en su huida atravesó todo el pueblo para perderse por los campos y montes. Había muerto el gendarme Elías Farache y empezaba a nacer la leyenda de Juan Bautista Vairoleto: el bandolero social perseguido durante veinte años por la policía de seis provincias, el héroe furtivo que robaba a los estancieros ricos y repartía su botín entre el peonaje pobre.

El hijo del colono piamontés.

Juan Bautista era hijo de Vittorio Vairoleto, un inmigrante italiano que había costeado parte de su pasaje en barco trabajando en la caldera del mismo y de Teresa Mondino, quiénes se Instalaron en Colonia Algarrobo, al sur de la provincia de Santa Fé, donde nació Juan Bautista en 1894. Tras la temprana muerte de su esposa, Vittorio y sus hijos emprenden hacia Colonia Castex para arrendar unas tierras que eran producto de las bondades de la “Conquista del Desierto”, donde unas 20000 leguas arrebatadas a fuego de Remington y sangre de 14000 indígenas, fueron acaparadas por un puñado de empresarios colonizadores especuladores que alquilaban los campos a latifundistas quienes, a su vez, los hacían trabajar por arrendatarios o aparceros imponiéndoles condiciones contractuales donde estos llevaban todas las de perder. A los Vairoletto, como a tantos muchos arrendatarios, no les fue bien: apenas si pudieron sobrevivir con las changas que Juan Bautista y sus hermanos pudieran realizar en campos vecinos.

Vairoleto, el bandido social.

Fue acompañando al tropero Alcante, amigo de su padre, donde Vairoletto comenzó a adquirir mayor destreza como hombre de campo pero además, a nutrirse de historias de aquellos gauchos matreros1 a quienes la estancia y el alambrado habían marginado al monte y que iban a quedar selladas por siempre en su memoria y en su andar: Las historias sobre Felipe Pacheco «el Malo», que en el sur de la provincia se ganó el apodo de Tigre del Quequén; la de Julio Barrientos y sus hermanos, que se ocultaban en una gruta protegidos por los paisanos de la zona de Tres Arroyos y Tandil; o la del gaucho Juan Cruz Cuello que era hijo de un Capitán del ejército y que se unió a los indios del cacique Moicán en sus excursiones contra los huincas2 en la zona de Azul.

El conocimiento de estas historias de gauchos matreros, el contacto cotidiano con los chacareros que luchaban por sus reivindicaciones a partir del Grito de Alcorta de 1912, como así también con los cientos de peones golondrina, linyeras y anarquistas, que depositaba el ferrocarril en esas tierras en época de cosechas y con quienes compartía no solo prostíbulos y fondas, sino también las privaciones, los abusos y las miserias, fueron moldeando la personalidad del Vairoletto, el “bandolero social”, cuyo recorrido se inició en la Pampa Central, fue extendiéndose por el sur de Mendoza y San Luis, a la región patagónica de los ríos Negro y Neuquén hasta llegar a la selva del Chaco, donde tuvo contacto con la banda de Mate Cosido. Vairoletto atacó estancias en San Luis, La Pampa y Río Negro, pero en todos sus atracos pudo distinguirse su sello de sentido vindicativo: el robo a los estancieros ricos para repartir parte de su botín entre el peonaje pobre qué, como su padre, él mismo y tantos otros debieron soportar los abusos de los dueños de las tierras desde tiempos inmemoriales. En la década de 1930, se lo hacía responsable de cualquier asalto o muerte ocurrida, pero parecía un fantasma que la policía perseguía sin resultados. Fue un héroe para los chacareros y la peonada, para los hacheros, puesteros y troperos, admirado por baqueanos y prostitutas. Es este el motivo por el cual pudo huir durante 20 años: cuando se refugiaba en algún lugar, se constituía una red de lugareños que actuaban de mensajeros para prevenirlo, o para proporcionarle logística y alimentos.

Vairoleto, el “ bandido social”, puede explicarse como el fenómeno, cuya acción individual de atacar a estancieros ricos y repartir lo robado entre el “crotaje” , se constituyó como un acto justiciero de una población rural oprimida, a la vez que representativa del rechazo a un poder cuya autoridad no es del todo reconocida por una comunidad, que está dispuesta a ayudar y proteger al “bandolero”, el héroe rebelde que personifica el anhelo de libertad para los trabajadores campesinos explotados.

MUERTE DEL BANDIDO.

Vosotros, la gente humilde, seguid con los campos y los terrones y dejad de llevar esas pistolas: cavar es lo que mejor os cuadra…Volved a los trabajos rurales… No volváis a molestar al mundo…”
(“Balada sobre la muerte del bandido”. Giacomo del Gallo, 1610)
Juan Bautista Vairoleto encarna en nuestras tierras la figura del bandido rebelde de los condenados de la tierra. Como Virgulino Ferreira da Silva, el cangaceiro del nordeste de Brasil, o como Joaquín Murrieta, el “Robin Hodd del Dorado”, en México; O en tierras más lejanas, las andanzas de Ned Kelly en Australia, el eslovaco Jurko o Carmine Crocco en Italia.

El recorrido de nuestro vairoleto,culminó en agosto de 1941. Traicionado por uno de sus compinches, Vicente Gazcón, a quien muchos conocían como El Ñato. Hacía un tiempo que se había asentado junto a su familia en Mendoza y estaba dedicado a hacer trabajos agrarios, cultivaba la tierra y vivía de su cosecha, cuando una redada policial lo sorprendió. Su esposa Telma, con quien tuvo 3 hijas, afirmó que su esposo se suicidó con un tiro en la cabeza antes de ser capturado por la fuerza policial.

Fue lo misma autoridad

Quien le labró ese destino,

Y ya en el negro camino

De su vida peregrina

Ni la muerte lo acoquina,

Porque su hombría templada

Lucha en forma denodada

Por vivir en libertad.

Ya llega la policía

Le rodean la vivienda,

Adiós le dice a su prenda

Y a sus niñas tiernamente

Sella un beso en ambas frentes,

Sale afuera decidido,

Se oyen varios estampidos,

Juan Bautista, el más valiente,

Poniendo un arma en su frente

Descerraja mortal tiro.

Milonga, de Bilbao Aguera

Bibliografía:

Chumbita, Hugo. Ultima frontera. Vairoleto. Vida y leyenda de un bandolero. Ed Planeta. Bs As. 1999

Rada, Javier. ‘Los nobles usan la pluma; nosotros, el fusil’: galería de ‘bandoleros sociales’. En https://blogs.20minutos.es/trasdos/2015/09/03/bandoleros-sociales/

1 Se denominaba así a aquellas personas que se refugiaban en los montes y se cubrían con su matra o manta.

2En el idioma mapudungún mapuche, se define así al blanco invasor de sus tierras.

3. Eric Hobsbawn. Bandidos (1969), Ariel, 2003.

SUBTERADIO
SUBTERADIO

TRABAJAR MENOS PARA TRABAJAR TODXS