Acoplando

Perón y la nacionalizacion de los ferrocarriles

POR CARLOS PELLEGRINI. TRABAJADOR DEL SUBTE, JUBILADO. LÍNEA B

Antes de entrar de lleno en el tema que nos ocupa, es necesario reafirmar
que los grupos capitalistas y poderosos en sus posiciones, siempre actuaron
de la misma forma. Dicen representar a la democracia, a la libertad y a los
derechos humanos, pero lo cierto es que esa “democracia” es sólo para
ellos: los Estados Unidos de Norteamérica; la “libertad” es una excusa para
avasallar a todo pueblo que beneficie a sus intereses, y los “derechos
humanos” son en realidad los que ellos destruyen en cada país que invaden
con el fin de expoliar sus riquezas y también en su propio territorio, donde
ejercen, desde sus orígenes, la discriminación racial.
El presente prólogo viene a cuento para clarificar el ítem que da título a
esta nota: la nacionalizacion de los ferrocarriles.
Mucho se habló de que durante la Década Infame, el Banco Central estaba
colapsado de lingotes de oro, mas la historia oficial no contó que desde la
crisis mundial de 1929, los Pueblos del Mundo al igual que Argentina,
vivían en condiciones ignominiosas.
Juan Domingo Perón, como joven Oficial del Ejército, vivió esa realidad de
los trabajadores en nuestro interior, sobre todo en el Impenetrable
chaqueño. Así fue que maduró el Estatuto del Peón Rural.
Centrándonos ahora finalmente en el tema ferroviario, cuando Perón ganó
las elecciones de 1946 e implementó el primer Plan Quinquenal, esos
lingotes, hasta entonces, inertes en los pasillos del Banco Central,
comenzaron a dar sus frutos.
Por aquellos días, cerca de 800.000 personas estaban desocupadas en un
país en donde todo estaba por hacerse. En sólo tres meses se multiplicaron
las obras públicas y comenzó a bajar la desocupación.
Esto trajo aparejados otros beneficios adicionales: la circulación del dinero,
la plena ocupación, la industrialización, y un estado de felicidad en el
pueblo nunca antes visto.
Los ya mencionados lingotes se usaron para repatriar deuda en servicios,
nacionalizar la banca, seguros y reaseguros, y empresas de servicios.
Aunque tal cantidad de capital no alcanzaba para nacionalizar todos esos
bienes, Perón, mediante su ministro de Economía (Miguel Miranda)
compró esos activos. Cabe destacar que lo hizo casi sin plata.
Cuando culminó la Segunda Guerra Mundial, los países aliados estaban
escasos de dinero, y como bien lo explica el General en ese tan conocido
video en el que expone sobre economía, los ingleses pretendían pagar sus
deudas con la devaluación de su moneda (la libra esterlina) y con el
aumento de sus bienes de capital (maquinarias, vehículos, etc.). El
mandatario se percató de ello: en ese momento los ingleses pedían 10.000
millones de pesos argentinos por los trenes.

Miranda, un buen negociador, apeló al regateo sabiendo que a los
británicos (luego de un año en las pampas argentinas) les urgía volver a
Londres. Éstos, entonces, bajaron la oferta a 8.000 millones de pesos. Pero
el ministro no aceptó, y continuando con su estrategia, jugó a hacerse el
desentendido hasta que finalmente le ofrecieron 6.000 millones de pesos, y
“por izquierda”, 100.000 dólares para Perón y la misma cantidad para él.
Un día después de recibida esta oferta, "a diana", Miranda le tocó la puerta
de la residencia presidencial a Perón (actualmente, en ese lugar funciona la
Biblioteca Nacional) y le dijo lo siguiente: "Mire General, si a usted y a mí
nos ofrecen esas cifras en coimas y ese precio por el traspaso de los
FF.CC., es porque no lo valen”.
Finalmente, los ferrocarriles se compraron a 2.029 millones de pesos
argentinos, pero hubo algo que los ingleses no vieron: el contrato hablaba
de bienes directos e indirectos, que representaban 26.000 propiedades al
costado de las vías. Con la venta de esas 6 propiedades (las 6 líneas de
ferrocarriles) se retiró la emisión, y por ello, los británicos no nos
perdonaron nunca.
La historia oficial (y gorila) escribió otra cosa… ya lo sabemos.

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