Acoplando

LAS PUTAS DE SAN JULIÁN: “Decimos no, no van a sentir, ni apenas nuestra piel, a quienes están aquí… por matar”

POR ALEJANDRO COLLI, DELEGADO DE UTE Y PROFESOR DE HISTORIA.

“Jamás creció una flor en las tumbas masivas de los fusilados; sólo piedra, mata negra y el eterno viento patagónico. Están tapados por el silencio de todos, por el miedo de todos. Sólo encontramos esta flor, en la reacción de las pupilas del prostíbulo “La Catalana”, el 17 de febrero de 1922” (Osvaldo Bayer, “La única derrota de los vencedores” en Los Vengadores de la Patagonia trágica).

17 de febrero de 1922. Transitaban los últimos meses del primer gobierno de Hipólito Yrigoyen y en el pequeño pueblo portuario de San Julián, en Santa Cruz, un grupo de soldados, en prolija y disciplinada fila, aguardaba con paciencia su turno para ingresar a la casa de tolerancia “La Catalana”. Tal era el elegante eufemismo con el que se ocultaba el nombre de prostíbulo. Hacía poco más de un mes que había finalizado la “campaña” llevada adelante por tropas del Regimiento 10° de Caballería “Húsares de Pueyrredón” que, al mando del teniente coronel Varela, había puesto fin a las huelgas en la Patagonia de 1920 y 1921 fusilando a 1500 obreros. Una vez concluida esta verdadera “Patagonia trágica” que significó la mayor masacre de obreros pertrechada por el Estado argentino, Varela permitió a sus soldados visitar los prostíbulo de los puertos antes de embarcarse a Buenos Aires para, como escribiera con amarga ironía Osvaldo Bayer “se sacaran el gusto y lo acumulado entre tanto macho, ya que desde que habían salido a cazar chilotes y anarquistas no vieron una sola mujer, ni siquiera una chilena…”  

 Cuando mujeres valientes desnudan la cobardía uniformada: “¡con asesinos no nos acostamos!

Seguiremos la crónica de ese 17 de febrero de 1922 narrada por Bayer: “Cuando la primera tanda de soldados se acercó al prostíbulo, doña Paulina Rovira salió presurosa a la calle y conversó con el suboficial. Algo pasaba, los muchachos comenzaron a ponerse nerviosos. El suboficial les vendrá a explicar algo insólito. Las cinco putas del quilombo se niegan. Y la dueña afirma que no las puede obligar. El suboficial y los conscriptos lo toman como un insulto, una agachada para con los uniformes de la Patria. Además, la verdad es que andan alzados. Conversan entre ellos y se animan. Todos, en patota, tratan de meterse en el lupanar. Pero de ahí salen las cinco pupilas con escobas y palos y los enfrentan al grito de “¡asesinos! ¡porquerías!”, “¡con asesinos no nos acostamos!”.

Ante esta situación intervino el comisario de San Julián, por lo que las cinco mujeres son llevadas a la comisaría: Consuelo García, Angela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster. Las protagonistas de esta historia serán hacinadas, todas juntas en un pequeño calabozo, en donde fueron sometidas a agresiones físicas y humillaciones, pero liberadas a la brevedad ya que el “incidente” había adquirido tonalidad de escándalo. Por supuesto que este acto de valentía tuvo consecuencias para ellas: la retención de documentos y luego el exilio de San Julián, llevó a que tuvieran que marcharse a las ciudades de Viedma y Ushuaia a la vez que debieron cambiar sus nombres para no tener que sufrir inconvenientes policiales. Sólo una de ellas, Maud Foster, logró retornar a San Julián, y el 25 de julio de 1949 elevó una solicitud al jefe de policía del pueblo: “Esperando que Ud. sea benevolente conmigo y tenga consideración a mi avanzada edad…, contemple mi situación y me otorgue dicho documento para estar tranquila en esta localidad, donde pienso estar hasta el fin de mis días”.

Hasta aquí, la historia de estas cinco mujeres ¿prostitutas?, historia que invita a ser narrada como pieza teatral pero que sobre todo exige ser interpretada en su dimensión política: la acción de 5 mujeres que en su dignidad y conciencia, fueron las únicas que en aquel momento tuvieron el coraje de decir ¡no!
En esa acción de negarse a entregar sus cuerpos a manos fusiladoras, denunciaban el crimen cometido por el Estado a la vez de vindicar a aquellos obreros rurales patagónicos que habían iniciado una larga huelga en pos de hacer cumplir un pliego de condiciones con modestas reivindicaciones.
Cinco mujeres que pusieron esa flor, entre tanta piedra, viento y silencio, sobre las tumbas masivas de los fusilados.


LA CATALANA

NO DECIMOS QUE NO.
NO, NOS VAN A TENER.
NO, NO VAN A BEBER,
NO VAN A SENTIR
NI APENAS NUESTRA PIEL

NO. DECIMOS QUE NO
NO. Y FUERA DE AQUÍ!
NO. CON SU FALSA LEY
HUELEN A MORIR
SUS MANOS DE SAL
SUS OJOS SIN PAZ

ANGELA DICE QUE NO
MARIA, LES GRITA OTRO NO
CONSUELO Y AMALIA
Y MAUD REBELADAS
EN LA CATALANA DEL NO

NO. DECIMOS QUE NO
NO. Y ES NO DE MUJER
NO. NO DE NO QUERER
NO DE REPUDIAR
A QUIENES ESTÁN
AQUÍ POR MATAR.

ANGELA DICE QUE NO
MARIA LES GRITA OTRO NO
CONSUELO Y AMALIA
Y MAUD REBELADAS
EN LA CATALANA DEL NO

“La Catalana”, canción de Sergio Castro, profesor de historia y cantautor patagónico, de su obra “Patagonia de Fuego” (2006).

Fuentes:
-Bayer, Osvaldo. “Los vengadores de la Patagonia trágica”, tomo II, Editorial Galerna, Buenos Aires 1972.
-https://winfo.com.ar/opinion/2020/10/no-a-la-demolicion-de-la-comisaria-de-puerto-san-julian

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