Acoplando

El monopolio de la «vida»

POR JÉSICA CAMPOS, TRABAJADORA DEL SUBTE. BOLETERA LINEA D.

«La mujer embarazada tiene que tener la opción y el derecho a interrumpir el embarazo prematuramente. De lo contrario, se convierte en una especie de esclava de su embrión a causa de convenciones sociales o religiosas que no se condicen con la gradualidad del desarrollo intrauterino (…)

Pido a aquellos que tienen convicciones religiosas o filosóficas respecto de lo que llaman comienzo de la vida humana, que respeten la racionalidad de otros argumentos y que diferencien evidencia de dogma y hechos de creencias.

Porque no hay un absoluto y los legisladores deben legislar para todos».

Alberto Kornblihtt

La Iglesia no tiene por qué interferir en asuntos públicos, y mucho menos en materia de derechos. La Iglesia es una Teocracia (gobiernan los líderes de la religión dominante), y nosotros vivimos en una Democracia («gobierna el pueblo»).

Según la Iglesia, el único método anticonceptivo es la abstinencia. Si se mantienen relaciones sexuales es porque se está dentro de un matrimonio, y el único objetivo de esta unión es perpetuar la especie. Por tanto, hay vida desde la fecundación, es decir, desde la unión del óvulo y el espermatozoide.

Primera aclaración al respecto: El término «concepción» al que alude la Convención Americana o Pacto San José de Costa Rica, se refiere al momento en que se produce la implantación en el endometrio. Porque no sucede todo en un “mágico y único” instante. Luego de la fecundación del óvulo y el espermatozoide transcurre una semana y, recién ahí, se implanta el blastocito o blástula.

Es por esto, que la tan conocida pastilla del día después no es abortiva. Es más, por algo se le dice anti-conceptiva. Lo que busca la Iglesia es ligar de forma irrebatible el momento del sexo y la fecundación, como si fuera todo parte de un mismo acto “mágico y especial”. Pero no lo es.

Siguiendo esa línea, ellos aseguran que en esa unidad se dará una información genética única e irrepetible: Ahí está escrito el color de los ojos, la forma de la nariz, etcétera.

No es así. La información contenida no se compara a la del ADN, y sólo define el sexo del embrión. Lo que sí contiene el óvulo fecundado es pluripotencia, es decir, capacidad de generar todos los tejidos y órganos de un nuevo individuo. Pero dejen de adelantarse.

Es cierto que esa primera célula (46 cromosomas, 23 de la madre y 23 del padre) crecerá y se dividirá hasta formar un bebé, pero en este primer momento, sigue siendo una única célula. Sin la placenta y el líquido amniótico, no avanza ni crece. Es decir, se queda ahí. Sí, tiene vida, pero también la tiene una célula vegetal, los hongos o hasta una bacteria.

Esa célula necesita de la placenta para crecer, la cual se va desarrollando entre la primera y séptima semana de embarazo. O sea, ya nos acercamos a un mes y medio desde el “acto”… y nada. Tenemos en esta instancia solamente un embrión, y paremos de contar. El oxígeno (así como los anticuerpos y alimentos necesarios) se produce a través del intercambio placentario, así que no lo saquen de acá si quieren que siga su curso. Su famosa «vida» no se sostiene por sí misma, y no «vive» fuera del útero. No son seres independientes de la madre. Es por eso que hace muchos años, cuando el aborto no estaba penalizado, en el Derecho Romano se decía que el embrión era una parte más de la mujer, más similar a un órgano, si se quiere.

Agrego algo más: El biólogo Alberto Kornblihtt, a quien cité más arriba, asegura que «Si fuera un ser independiente, sería rechazado por el sistema inmunológico de la madre (…) el embrión no es rechazado, porque hay un completo sistema de tolerancia inmunológica que hace que el cuerpo lo reconozca como si fuera un órgano propio».

Y todavía no hablé del desecho patológico, término muy frio, pero propio de la medicina. Así se le dice a la persona que no existió nunca, si el embarazo se interrumpió antes del nacimiento. Y no me refiero a prematuros, aunque estos también corren un riesgo enorme de vida y por algo necesitan tantos cuidados. Quiero decir que si el «bebé» nace muerto, es desecho patológico.

Hasta acá, lo que intento demostrar es que el concepto de «vida humana» responde a una creencia.

Vuelvo con el biólogo Kornblihtt, y cito:

«La biología no define vida humana, sino vida. La vida es una forma particular de organización de la materia que cumple con dos condiciones esenciales: reproducción y metabolismo. La definición de vida sensu stricto está referida sólo a células. Una célula viva lo está porque puede dividirse y metabolizarse. La definición de vida celular no es resultado de ninguna convención social ni jurídica. Las células de un embrión están vivas, así como las del feto, las del bebé y las de un adulto. Pero también están vivas las de los espermatozoides eyaculados fuera de la vagina, los óvulos que son eliminados en cada menstruación, y las células de la placenta que se desecha en cada parto».

 

Desde lo personal, yo comprendo el “mambo” de las madres que a los tres meses le están hablando a su panza, pero técnicamente es necesario aclarar que no sienten nada, ni escuchan nada.

A partir de la semana once (¡me cuentan mucho estas semanas, eh!), ya tenemos casi tres meses de embarazo, y es cuando se empiezan a apreciar reacciones a estímulos sensoriales. Sin embargo, no hay percepción consciente ya que no existen aún las conexiones nerviosas, la médula espinal, las neuronas en el cerebro, ni la corteza cerebral (algo, para muchos, fundamental para ser considerado un ser humano).

El aborto en el proyecto sigue figurando hasta la semana catorce. Pero en otros países, se acepta hasta la veintiocho.

Recién entre las semanas veintiocho y treinta (hablo de siete meses y poco más, y hace rato que dejamos de pedir aborto acá), hay respuestas sensoriales y se registra la primera actividad eléctrica cerebral. El feto puede medir entre 35 y 37 centímetros, para que se den una idea. Pero, volviendo al tema, en todo el mundo se declara muerta a una persona cuando se comprueba que ha perdido en forma total e irreversible sus funciones cerebrales, aunque artificialmente se mantenga su actividad cardíaca y respiratoria. Aclaro esto, para que comprendan que no es una concepción caprichosa hablar del sistema nervioso central.

La Iglesia sostiene que no existe ningún salto cualitativo desde la fecundación hasta la muerte, es decir, no puede decirse que en un momento es una cosa y más adelante otra diferente.Lo que espero, es que este breve recorrido sirva para entender el desarrollo del embrión. Porque un embrión es un embrión, y no un ser humano. Desde esa primera célula se fueron creando órganos y sistemas… y no, no es todo lo mismo. Un embrión no es un bebé. Un embrión no sobrevive fuera del útero.

Comencemos a cuestionar el rol de la Iglesia en estos temas porque, como bien dijeron, hay que separar evidencias de dogmas y hechos de creencias.

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