Acoplando

Documental: The social dilemma. Somos el nuevo producto del mercado

POR JÉSICA CAMPOS. TRABAJADORA DEL SUBTE. BOLETERA D.

El nuevo documental de Netflix, con elementos de ficción para ver mejor la relación directa e inmediata que tenemos con nuestras pantallas, y no quedarse solo en la teoría, se divide en cuatro partes. Cada una empieza con una frase distinta y lo mismo pasa con esta reseña.

1. Nada extraordinario llega a la vida de los mortales separado de la desgracia – Sófocles
En primer lugar se presenta a los creadores del problema que se intenta resolver. Pero los CEOS de Facebook, Instagram, Google, YouTube, Twitter y Pinterest, entre otros, no parecen cómodos delante de las cámaras. Están acostumbrados al detrás de escena. Sonríen porque no pueden hacer otra cosa. Quieren redimirse. Están ahí para advertirnos sobre lo que ellos ignoraron durante tanto tiempo. De manera consciente o no, eso ya no importa.
«Creo que fuimos ingenuos con la otra cara de la moneda» tira uno y los demás toman confianza. «A estas cosas las liberas y cobran vida propia». «Ninguno buscaba estas consecuencias» insisten, todos de manera separada, pero igual de responsables. «No hay un solo villano» y esto es cierto. Lo cual complica las cosas. Sería muy fácil agarrar al responsable y llevarlo al juzgado. Pero todos fuimos cómplices.
Nadie nos obligó a bajarnos ninguna app. Quisimos hacerlo. Les dimos acceso a nuestra vida privada: ubicación, contactos, fotos, mails. Nadie leyó los términos y condiciones.
Aunque la representación que hacen de la familia tipo es medio burda, el punto es claro. Convivimos con las redes sociales. Unos más que otros. La familia ficticia (mamá, papá y tres hijos) pone especial atención a la Generación Z que, a diferencia de los Millennials, ya crecen con el celular en la mano y ven su reflejo distorsionado a través de una pantalla. Siendo más influenciables, hasta se vuelven dependientes. Igual nadie escapa al control de las redes. A esto apunta el testimonio de Tristán Harris, ex diseñador de Google. A quien se lo presenta como el primer individuo en tomar conciencia de un hecho colectivo. Es quién encendió la mecha.
Por eso está convencido de que la información no puede quedar en manos privadas. Todo lo contrario. Mientras más sepan cómo funciona esto, mejor. Así no van a poder tildar a un grupito de locos o paranoicos. Y si entiende esto, es porque lo vio de cerca. El mismo Tristán no podía dejar de pensar en cómo seguir mejorando Gmail. «Me pareció fascinante que nadie trabajara para hacerlo menos adictivo» confiesa. Pero como se ve en este documental, no va alcanzar con un llamado de atención.
Jaron Lanier, autor de Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato, va por más. Aunque ni él se crea el título, el planteo es interesante. Supera la frase hecha (somos el producto) y cito «El producto es el cambio gradual e imperceptible que sufre tu conducta y tu percepción». Esa es su forma de ganar dinero con vos: moldearte según los intereses de la empresa. Crear al consumidor. Es un cambio chiquito, pero a escala global, que le indica a millones ir en una misma dirección. Vayan y consuman tal cosa.
«Esto es lo que todas las empresas siempre han soñado, tener una garantía de que si ponen un anuncio, será exitoso».
Venden seguridad. Basada en las predicciones que hacen los algoritmos. Basadas en redes que dejaron de ser privadas. Basadas en vos.
Tus likes son las mejores predicciones del marcado y esta es la novedad. «Tenemos un mercado que se dedica a futuros humanos». Y lo hacen a gran escala.  Y lo hacen sin supervisión humana, sin leyes, sin límites. La idea es crear el mejor modelo posible y después venderlo.
Aclarado esto, se nos presenta una especie de muñeco en tercera dimensión, tamaño real, siendo controlado por tres algoritmos personalizados con tres objetivos específicos.
«La visualización, que aumentes el uso, tu permanencia. El crecimiento, que vuelvas, invites a todos tus amigos. Y los anuncios, asegurarse de que mientras todo eso pasa, ganamos mucho dinero con la publicidad».
Y sí, ese muñeco también sos vos. Somos todos.
2. Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia – Arthur C Clarke.
Hoy en día dos personas se conectan gracias a un tercero que financia esa conexión y paga por manipularlos. Hoy pusimos en el centro del circuito de la comunicación a un tercero infiltrado. Pero que nadie ve. Tal vez lo sospechan. Pero la ilusión sigue funcionando.
Acá nos muestran a Tristán haciendo magia. Un hobby que tiene de chico. Que implica engañar a los adultos. Así que lo importante es que no te sientas un boludo que está siendo manipulado por las grandes empresas. Detrás de los algoritmos que fueron recontra pensados, trabajaron grupos de 20 o 30 personas, contra vos que sos uno solo, y todavía los siguen perfeccionando.
Estamos hablando de un diseño. La tecnología persuasiva lo único que quiere es que sigas scrolleando y lo logra.
«Funciona como las tragamonedas de Las Vegas (…) Es un hábito inconsciente. Estás programado a un nivel más profundo. Ni siquiera lo notás».
Si hasta ellos, que saben cómo funciona todo, son incapaces de escapar de las redes que crearon.
3. Solo hay dos industrias que llaman usuarios a sus clientes: el narcotráfico y la tecnología – Edward Tufte
En esta parte los CEOs hablan de las plataformas a las que son adictos. Buscan crear algo de empatía y vuelven a la primera premisa: todos deberían saber qué hay detrás de escena. No es magia, son algoritmos.
«Tenemos un imperativo biológico básico para conectarnos con la gente que afecta directamente la producción de dopamina como recompensa (…) No hay dudas de que un vehículo como las redes sociales, que optimiza esta conexión entre las personas, tenga el potencial de ser adictivo».
Y cómo no hay una persona con sentimientos detrás, sino un algoritmos que busca la ganancia de una empresa, poco importa la psiquis de los usuarios. Poco importa cómo afecta a los más chicos. Porque están explotando el lado más vulnerable. Les implantaron la necesidad de recibir la aprobación de un montón de desconocidos cada cinco minutos y si no la obtienen esto va a afectar negativamente la identidad que están creando a través de su teléfono.
Sin embargo, las consecuencias se ven en el mundo real.
«La depresión y la ansiedad han aumentado en gran cantidad en adolescentes estadounidenses y esto empezó justo entre 2011 y 2013. El número de mujeres adolescentes de un total de 100.000 en este país que fueron hospitalizadas cada año, porque se cortaron o se lastimaron, empezó a subir notoriamente. En los adolescentes mayores (15-19 años) subió un 62%. En los preadolescentes (10-14 años) un 189%. Casi el triple. Y aún peor, vemos el mismo patrón en los suicidios».
Y este patrón apunta a las redes socales. Sobre todo afecta a la Generación Z que es la primera en tener redes durante la secundaria. Etapa que no dejan de endiosar, pero en la que uno intenta forjar su identidad. Ahora imaginate que la construyan miles de personas con un like y la tiren abajo con la misma facilidad. A esto se suma que muchos padres, al no ser nativos digitales apenas entienden en lo que están metidos sus hijos, muchas veces minimizan sus problemas o no saben cómo ponerle un límite a las redes. Quizá ven cómo se bajan Tinder, pero no asocian esto al tiempo que pasan encerrados en sus casas o que ya no les interesa conocer gente fuera de las apps. Tal vez se bancan los filtros en las fotos de sus hijos, pero no entienden cómo estos estándares de belleza poco realistas afectan su autoestima.
Por eso creo que es clave que lo entiendan. Porque no imagino a ningún padre o madre deseando que sus hijos sean manipulados por un montón de programadores al servicio del consumo privado.
Aclaro que a esta altura del documental, el muñeco 3D que nos presentaron al principio, ya es mucho más complejo, ya tiene ropa de marca y se ven algunos rasgos faciales. Entendemos qué le gusta y qué no. Qué le podemos vender y sobre todo qué información conviene dar.
Si los algoritmos son opiniones en código, aclaremos que no son objetivos. Ninguna pantalla refleja lo que sos. Más importante aún, la Inteligencia Artificial (IA) supera al ser humano, aunque al principio alguien la haya diseñado. Nosotros no evolucionamos de la misma manera y acá es cuando le erran las películas de ciencia ficción. No va a volver Terminator. No hay robots asesinos. No hacen falta. Porque la IA ya controla el mundo. Ya hay miles de computadoras conectadas entre sí que manejan programas cada vez más complejos y te trasmiten información todo el tiempo. Por ejemplo a través de Google.
Así que ya perdimos el control sobre esto. Son los algoritmos los que eligen la información que vemos. Encima a esta altura somos incapaces de estar sin celular.
Si la Verdad está vinculada al acceso a la información, imaginate que se te mande exclusivamente a vos ciertos datos por tus likes. Te dan solo lo que te gusta y lo que no, lo hacen a un lado. Así de fácil. Si sos tierraplanista, antivacunas, antiderechos, antimacrista, antiperonista (por favor lo que ABURREN con su BIPARTIDISMO que no solo cierra el debate, sino que lo PROHIBE y de esto también se va a hablar casi al final, porque lo más importante, la frutilla del postre, está al final) vas a poder encontrar tu lugar y te van a dar teorías que aplaudan tu pensamiento y sobre todo, que es lo más buscado, vos, sí vos, vas a poder rodearte de gente que piense igual y no te contradiga nunca y NO CUESTIONE NADA. No va a haber críticas en tu Mundo Ideal. Ya no no vas a tener al diferente molestándote, porque ni siquiera va a existir en la burbuja que vos mismo financiaste, bravo.
Así que aclaremos algo antes de seguir: que sean muchos, no implican que tengan razón.
4. Ya sea por utopía o olvido, será una carrera de relevos hasta el último momento… – Richard Buckminster Fuller
Hay que tener en cuenta que cuando se vende el discurso de la Única Verdad, siempre hay alguien que cree poseerla. De esta forma al otro se lo censura, ataca o ningunea. Este discurso funciona muy bien dentro de la religión, pero no tanto en democracia. Si hasta las leyes se fueron modificando a lo largo del tiempo, porque por suerte la sociedad cambia.
Es más quizá te pierdas otro cambio si seguís encerrado en tu burbuja digital. Porque no importa todas las veces que apretes un botoncito en Facebook, Twitter o Instagram, en la vida real seguimos acá. Te guste o no.
¿Se entiende cuál es la solución entonces?
Porque está ahí nomás.
Sino no importa, el documental lo explica muy bien.
Además pone sobre la mesa, detrás de la pantalla, el incentivo económico que mueve a todos los accionistas que lucran con tu personalidad, a esta altura artificial. El establishment no puede seguir fuera de la ley haciendo lo que quiere. Hay que regular este mercado. Necesitamos leyes de privacidad digital, tocar sus ganancias agravando la recolección de datos y ponerles un límite. Creo que a esta altura y por las dudas voy a aclarar que ninguno de los CEOS y programadores están en contra de los avances en la ciencia y la tecnología, porque ya conozco esa chicana cuando se plantea un cambio radical y una critica al sistema que ya de por sí muchos van a desechar.
A lo que voy es que no hay una ley que proteja a los usuarios de la misma forma en que sí se protegen los privilegios de las grandes empresas.
«¿Siempre vamos a ceder ante la gente más rica y poderosa?».
No solo los programadores tienen que ser responsables por lo que crearon, nosotros también tenemos que ser responsables de lo que consumimos.
«Podemos cambiar el aspecto y significado de las redes».
Aunque un llamado de atención no alcanza, este puede ser el comienzo.
«Tener una sociedad sana depende de salir de este modelo de negocios corrosivo».

Podemos exigir que no nos traten como un producto, sino más humanamente. Podemos estar mejor.

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